Académicos exponen que siempre hay espacio para el Postre

Este fenómeno tendría aplicaciones prácticas en la industria alimentaria: la manipulación de ingredientes puede mantener el interés sensorial y prolongar el disfrute de un producto.

Imaginen el primer bocado de su plato favorito; los sabores intensos, las texturas envolventes. Sin embargo, a medida que cada bocado sucesivo encuentra su camino hacia nuestro paladar, algo interesante sucede: la experiencia sensorial comienza a atenuarse. Este fenómeno es la saciedad sensorial específica en acción.

“El mecanismo que nos permite dejar espacio para el postre se llama saciedad sensorial específica, lo que significa que el cuerpo tiene límites diferentes para alimentos distintos como una manera de ayudar a garantizar una ingesta equilibrada de nutrientes. Barbara Rolls, profesora y directora del Laboratorio para el Estudio de la Conducta de Ingesta Humana de la Universidad Estatal de Pensilvania, ha estudiado la saciedad sensorial específica desde principios de la década de 1980”, detalla la web del diario norteamericano New York Times.

Este mecanismo evolutivo puede haberse desarrollado para fomentar una dieta más variada, ya que consumir una amplia gama de alimentos proporciona una gama más extensa de nutrientes esenciales. Este fenómeno no se limita solo al gusto; también se aplica a otros sentidos, como el olfato y la textura de los alimentos. La saciedad sensorial específica es la razón por la cual ese postre delicioso puede volverse menos apetecible después de cada bocado, o por qué el aroma embriagador de una comida puede volverse menos perceptible a medida que seguimos comiendo.

Aunque la saciedad sensorial específica puede parecer un obstáculo para disfrutar plenamente de nuestros alimentos favoritos, también ofrece oportunidades interesantes. Por un lado, nos impulsa a explorar una variedad de sabores y texturas, evitando la monotonía alimenticia. Además, entender este fenómeno puede tener aplicaciones prácticas en la industria alimentaria, donde la manipulación cuidadosa de los ingredientes puede mantener el interés sensorial y prolongar el disfrute de un producto.

La investigación, junto con experiencias científicas anteriores, expone que el apetito está conectado a regiones del hipotálamo que se desactivan con la ingesta de glucosa, incluso, solo con pensar en ello. «Como la persona sabe que ha tenido experiencias positivas con ese alimento, lo va a comer igual, pese a que no tiene necesidad metabólica», proyecta la doctora Eliana Reyes, nutrióloga y directora de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de los Andes.

Algunos consejos para aprovechar la saciedad sensorial específica incluyen alternar entre diferentes platos durante una comida, incorporar ingredientes con perfiles de sabor contrastantes, y tomarse el tiempo para saborear cada bocado de manera consciente.

Fuentes:
Las Últimas Noticias
Science Direct
New York Times

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