“La vida se saborea distinto cuando nos regalamos un momento dulce para el alma”. El definido rumbo terapéutico de esta casa repostera es un hito distintivo de su entorno en Los Vilos.
Viajando hacia el norte desde Santiago, a mitad de camino a La Serena nos encontramos con una ciudad de grato clima y amable, Los Vilos, en la región de Coquimbo. Allí se encuentra Manzabella y allí su dueña, Maribel Pérez Contreras, nos recibe en un espacio donde cada detalle tiene un sentido.
Gracias por recibirnos. ¿Cómo nace Manzabella y cómo fueron sus primeras semanas?
¡Bienvenidos! Esta propuesta nace en un periodo de grandes cambios. En ese entonces me encontraba trabajando en el área del biomagnetismo y la bioenergética, pero con la llegada del estallido social y posteriormente la pandemia, todo tomó un nuevo rumbo.
Lo que comenzó como un hobby (preparar pasteles y postres para la familia) se transformó en una oportunidad y finalmente en un sustento. A partir de ese momento empecé a estudiar y profundizar en el área de pastelería, con el propósito de ofrecer un servicio de calidad, cuidar los detalles y brindar algo distinto y único, que hiciera sentir especial a cada cliente.
“Las primeras semanas fueron intensas y llenas de aprendizaje”, nos responde Maribel, porque todo era nuevo para ellos: desde la organización del trabajo, la producción, hasta el contacto con los primeros clientes. Pero también fueron semanas muy gratificantes, en las que se empezó a construir lo que hoy es Manzabella: un proyecto hecho con dedicación, esfuerzo y mucho cariño.
«La vida necesita pausas… y un trozo de pastel puede ser la mejor de ellas».
Instagram de Manzabella
¿Nos detallas la actual propuesta dulce y salada de Manzabella?
Ha pasado por un proceso de constante transformación. En un inicio, la pastelería estaba más enfocada en recetas tradicionales, especialmente en los kuchen sureños, y con una fuerte inspiración en la pastelería italiana, que siempre me ha gustado mucho. Con el tiempo, y gracias a mis conocimientos en el área terapéutica, el enfoque fue ampliándose. Empezamos a recibir clientes con distintas necesidades alimentarias —personas con alergias, intolerancias o que buscaban opciones más saludables—, lo que nos llevó a estudiar y adaptar nuestros procesos.
Hoy, nuestra carta dulce y salada se basa en una alimentación consciente, elaborada con ingredientes reales, lo menos procesados posible y con la intención de cuidar la microbiota y energía de cada cuerpo. En Manzabella creemos que el alimento no solo nutre, sino que también sana, por eso buscamos ofrecer preparaciones que generen bienestar interior y respeten las distintas necesidades de cada persona.
¿Cómo entienden en la idea de que la pastelería no solo alimenta el cuerpo, sino también las emociones? ¿Qué papel juega el bienestar emocional en la propuesta?
La propuesta de Manzabella, tanto en lo dulce como en lo salado, ha pasado por un proceso de constante transformación. En un inicio, la pastelería estaba más enfocada en recetas tradicionales, especialmente en los kuchen sureños, y con una fuerte inspiración en la pastelería italiana, que siempre me ha gustado mucho.
Con el tiempo, y gracias a mis conocimientos en el área terapéutica, el enfoque fue ampliándose. Empezamos a recibir clientes con distintas necesidades alimentarias —personas con alergias, intolerancias o que buscaban opciones más saludables—, lo que nos llevó a estudiar y adaptar nuestros procesos.
Hoy en día, nuestra carta dulce y salada se basa en una alimentación consciente, elaborada con ingredientes reales, lo menos procesados posible y con la intención de cuidar la microbiota y energía de cada cuerpo. En Manzabella creemos que el alimento no solo nutre, sino que también sana, por eso buscamos ofrecer preparaciones que generen bienestar interior y respeten las distintas necesidades de cada persona.
Le consultamos a Maribel acerca del enfoque terapéutico que proyecta en todas sus aristas la Pastelería Manzabella y su agradable entorno. Ella nos responde; “Más que hablar de rituales, hablamos de conciencia. Somos muy conscientes de que toda energía se transmite a través de lo que hacemos. Creemos profundamente que si quien prepara un producto no está bien emocionalmente, esa energía también se refleja en el resultado. Por eso, cuando sentimos que algo nos afecta o no estamos en equilibrio, preferimos detenernos, calmarnos y luego continuar. Cocinar es un acto energético: todo lo que uno hace con el cuerpo, el alma y las manos se traspasa al alimento. Por eso en Manzabella cocinamos con amor, dedicación y entusiasmo”.
Como familia y como equipo, mantienen un ambiente de armonía, respeto y conexión. No hay espacio para conflictos ni desigualdad, porque comprenden que el bienestar del equipo se refleja en lo que llega al cliente. Cada preparación lleva consigo una intención: que quien la pruebe sienta emociones —nostalgia, alegría, calma o ternura—, porque para Manzabella la cocina no es solo un medio para vender, sino una forma de comunicar y sanar porque hay lugares que te endulzan el paladar… y otros, como Manzabella, que te endulzan el alma.
«Porque cada bocado dulce no solo nutre el paladar, sino que también acaricia el alma. En Manzabella celebramos esos pequeños momentos que llenan de calor el corazón. ¿Por qué conformarse con endulzar solo lo que pruebas, si podemos endulzar lo que sientes?».
Instagram de Manzabella
Existe una relación muy cercana con los clientes…
Muchas veces llegan cansados, tristes o estresados, y sin invadir su espacio, buscamos ofrecer algo que les haga bien: un pastelito que reconforte, un té terapéutico que alivie, o una preparación ligera que armonice su cuerpo. Esa sensibilidad es parte de nuestra esencia.
Entendemos que la pastelería puede ser una forma de terapia: un espacio para detenerse, respirar y sentirse cuidado. Nuestros productos no solo alimentan, sino que acompañan procesos emocionales, alivian el alma y devuelven un poco de paz. Nuestros clientes nos consideran un rincón de bienestar, donde cada sabor tiene intención y cada detalle está hecho con amor.
En esa interacción, ¿han observado que la pastelería se convierte en un refugio emocional o un vehículo de conexión personal?
Sí, absolutamente. En Manzabella buscamos eso: que la pastelería sea un espacio donde las personas no solo vengan a comer algo rico, sino también a sentirse tranquilas, escuchadas y cuidadas. Lo que más nos sorprende es cómo nuestros clientes se abren en confianza con nosotros. Con una simple charla, un pastelito y un té, logran sentirse en casa, relajarse y desconectarse del ritmo agitado del día.
Muchos nos dicen que venir a Manzabella es su forma de escapar del estrés laboral o de las preocupaciones personales, y que aquí logran reconectarse con ellos mismos, con la calma y con lo esencial de la vida. Nosotros no atendemos con frialdad; cada persona que cruza nuestra puerta es importante para nosotros. Nos esforzamos por entregar atención cercana, con respeto y empatía, porque creemos que todos merecen sentirse bien y valorados.
Uno de los momentos que más nos marcó fue conocer a un cliente que llegó desde otra ciudad por motivos laborales. Durante el tiempo que estuvo aquí, compartimos muchas tardes después de su trabajo, preparándole algo liviano y un té para aliviar su cansancio. Con el tiempo, se generó un vínculo muy bonito. Antes de regresar a su ciudad, nos dejó un mensaje donde nos decía que Manzabella iba a llegar muy lejos, porque somos una familia que atiende con el corazón, con igualdad y sin distinciones. Sus palabras nos reafirmaron que lo que hacemos tiene sentido.
También recordamos con mucho cariño a un cliente que solía venir a sentarse junto a nuestra cascada interior. Decía que el sonido del agua lo calmaba y que aquí encontraba paz. Hoy ya no está con nosotros, pero lo recordamos cada día; sentimos que su energía sigue presente en ese rincón donde el agua cae, trayendo serenidad.
Y otro momento muy especial fue cuando una clienta llegó muy angustiada por temas laborales. La recibimos con un té relajante y unas galletitas de cortesía, y simplemente la acompañamos con palabras de calma y esperanza. Se fue agradecida, diciéndonos que hacía mucho tiempo no sentía tanta paz.
Creemos que la pastelería puede ser una forma de sanación emocional. Nuestros productos y nuestro espacio están pensados para ofrecer bienestar, cariño y un respiro del mundo exterior. No somos solo una pastelería: somos un rincón de paz, donde cada cliente es parte de una gran familia.
¿Cómo influye la estética, el ambiente y la experiencia sensorial en Manzabella para transmitir calma, felicidad o contención emocional a través de cada producto?
Entendemos que la experiencia de disfrutar un pastel va mucho más allá del sabor. Por eso, nuestra propuesta busca envolver a cada persona en un ambiente donde se sienta realmente en casa. Somos una pastelería-casa, un espacio acogedor y privado donde se puede reír, conversar, relajarse y compartir con quien uno quiera, sin juicios ni miradas ajenas, lejos de todo ese ambiente de chismes o apariencias que muchas veces cansa.
Nuestro entorno está pensado para transmitir calma y bienestar desde lo visual y lo emocional. Manzabella está llena de plantas, de vida y de energía real, porque creemos que rodearse de naturaleza es una forma de sanar el alma. Los tonos tierra y los colores cálidos armonizan el lugar, creando una atmósfera que invita a quedarse, mientras una música suave acompaña el momento.
¿Proveedores locales, regionales o internacionales?
Buscamos siempre productos de la mejor calidad, naturales y lo más orgánicos posible. Trabajamos con personas que, con esfuerzo y dedicación, ofrecen productos auténticos, sin químicos y cultivados de manera consciente, y valoramos profundamente su compromiso con lo natural.
Nos gusta darles oportunidad a esos pequeños productores que comparten nuestra visión, integrando sus productos en nuestras preparaciones para seguir ofreciendo alimentos reales, con identidad y propósito. Además, complementamos con elaboraciones propias, cuidando cada detalle y respetando los procesos naturales para que el resultado final mantenga su esencia artesanal.
¿Qué opinión tienes respecto al actual mercado del Bakery en Los Vilos y qué debería ocurrir para que tuviera una presencia más activa y variada?
Sentimos que nuestro rubro aún tiene mucho potencial por desarrollar. Lo que hace falta aquí no es más cantidad de locales, sino más diversidad de conceptos. Que cada emprendedor se inspire en lo que lo representa de verdad, sin mirar al de al lado como competencia, sino como parte de un mismo entorno que puede crecer en conjunto.
Creemos que cada espacio podría aportar algo único, no solo en lo que vende, sino en la experiencia que entrega. Por ejemplo, algunos podrían enfocarse en lo rápido y práctico para quienes salen del trabajo, otros en lo familiar o lo divertido, y otros —como nosotros en Manzabella— en ofrecer un rincón de paz, tranquilidad y conexión emocional.
¿Planes para los próximos meses / años en Manzabella?
Nuestros propósitos están enfocados en seguir creciendo desde el corazón, sin perder nuestra esencia. Queremos llegar a muchas más personas que puedan entender y vivir nuestro concepto de pastelería-terapia, donde cada producto transmite calma, cariño y bienestar emocional.
Buscamos ampliar nuestros conocimientos tanto en el área de la pastelería como en el ámbito emocional, para seguir ofreciendo productos con sentido, preparados con dedicación y conciencia. Además, soñamos con llevar Manzabella a otras zonas del país, para que más personas puedan conocernos no solo por lo que hacemos, sino por lo que transmitimos: un espacio de paz y conexión personal.
Queremos ser conocidos por lo que representamos: una pastelería que cuida a sus clientes como parte de una familia. Si algún día llegamos a tener muchos clientes, cada uno seguirá siendo atendido con el mismo cariño y atención, porque para nosotros todos son importantes.
Nuestro propósito es crear una gran familia Manzabella, donde reine la paz, la tranquilidad y el respeto. En un mundo donde muchas veces falta estabilidad emocional, queremos ser ese rincón que le recuerde a las personas que siempre se puede volver a sonreír, disfrutar un pastelito y sentir que la vida, con amor y calma, sigue siendo hermosa.
Cada detalle —desde la zona de terraza al interior, llena de luz natural y vegetación— está pensado para que los clientes de Manzabella sientan que están en un refugio, un lugar donde pueden soltar el peso del día y conectar con lo que importa: la paz, la compañía y los pequeños placeres que da la vida, porque más que servir pasteles, se brinda una pausa bonita y sincera, un instante de hogar fuera del hogar.
Cuando pases por la ciudad de Los Vilos no dejes de visitarles. Es una experiencia completa.
Anota la dirección; Calle 1 Oriente N° 170.
Pastelería Manzabella
Instagram: @manzabella.cl
Facebook: www.facebook.com/profile.php?id=61578989825698












