Comenzaré esta columna de análisis, la primera del año, con una frase cierta, pero que se olvida a menudo; La restauración / Bakery va más allá de simplemente cubrir una necesidad biológica.
Y lo digo desde mi actual experiencia; llevo algunas semanas, con errores (cada vez los menos) y aciertos (cada día los más), elaborado mi propio pan y mis propias galletas con materias primas que están siendo tendencia en la panadería actual; semillas de zapallo y harinas maravillosas de almendra y garbanzos. ¡Volvamos al tema!
Cada experiencia gastronómica es una experiencia completa, incluso sistémica, que conecta sentidos, recuerdos y relaciones humanas. Comer es socializar, es compartir, es disfrutar no solo nutriendo el cuerpo, sino el corazón y el alma. En este marco, cuando se habla de producto, no nos referimos únicamente a un insumo cualquiera, sino a la materia prima que da vida a las recetas, define sabores, texturas y sensaciones, y que en definitiva marca la diferencia entre lo común y lo memorable.
¿Qué significa “producto” en cocina?
Es el punto de partida de toda preparación culinaria. Es el ingrediente en su forma más pura: frescura, calidad, origen, temporada y rasgos sensoriales. En muchas cocinas contemporáneas, especialmente en tendencias como la cocina de producto, se intenta respetar al máximo el carácter de cada insumo para permitir que su sabor hable por sí mismo en el plato.
Un buen producto no solo aporta sabor, también influye en el color, aroma, textura y valor nutricional de lo que comemos. Incluso tiene impacto cultural: muchos ingredientes son símbolos de identidad regional o tradicional, como el uso de productos marinos en nuestra cocina local o las ricas papas nativas del centro y sur del país.
La elección del producto, una decisión reflexiva
La selección de materias primas ya no es un acto automático o superficial. Hoy, los consumidores están más informados y exigentes, no solo sobre qué ingrediente están usando sino sobre su procedencia, sostenibilidad y calidad.
A esto se agrega que en el contexto actual de complejidades económicas, muchas personas han redescubierto el placer de preparar sus propios alimentos y experimentar con ingredientes nuevos o de mejor calidad. Este fenómeno no solo incentiva el desarrollo de habilidades culinarias, sino que también refuerza la importancia de saber elegir productos que potencien cualquier receta.
Producto y receta: una relación simbiótica
Una receta sin buen producto es como una historia sin voz; puede existir, pero carece de alma. Por mucho que sigamos una instructiva al pie de la letra, si los ingredientes no son de calidad, el resultado final será pobre en sabor, textura y presencia.
Las recetas establecen pasos, proporciones y métodos, pero es esa materia prima bien elegida la que da carácter, intensidad y personalidad al plato. Por eso muchas escuelas de cocina profesional y chefs contemporáneos enfatizan en la comprensión profunda de los ingredientes antes de querer dominarlos.
Más allá de la cocina casera: tendencias y producto en la gastronomía moderna
Cocina de producto: Esta tendencia consiste en resaltar los ingredientes en su forma más pura, usando técnicas que no los disfrazan sino que los enriquecen con precisión. “Es un estilo culinario en el que el producto es el protagonista. La materia prima es el centro de cada preparación y la meta es respetar su sabor y propiedades. Las técnicas ancestrales y tradicionales se constituyen en la mejor estrategia para la cocción. Pero no se trata de volver al pasado, sino del surgimiento de una nueva vanguardia con una mirada retrospectiva”, señala una de las fuentes que consulté para elaborar este artículo.
Identidad cultural: El insumo elegido también puede ser un vínculo con la identidad y la memoria colectiva. Los ingredientes locales y las recetas tradicionales cuentan historias, generaciones y contextos sociales ¡Son ingredientes esenciales que no se saborean, pero que están muy presentes! Muchos platos típicos chilenos se asocian con ingredientes autóctonos o de larga tradición en la cocina local, incluso aquellas nacidas en tiempos de escasez en Chile, como la Sopa de Pan, el Charquicán, la Carbonada o la Tortilla al Rescoldo, entre otras.
¿Por qué es importante conocer lo que consumimos?
Conocer el producto que utilizamos implica entender su valor nutricional, su origen y su impacto ambiental y social. Un producto de buena calidad puede aportar no solo nutrientes esenciales sino también contribuir a prácticas agrícolas sostenibles. Además, en un mundo donde la globalización ha homogenizado gran parte de los alimentos, optar por ingredientes de temporada y cercanía permite valorar los ciclos naturales y apoyar economías locales. En muchos países los restaurantes cambian completamente sus menús de acuerdo a la estación que están viviendo. Hay una conexión entre lo que comemos y el clima que hace… como era antes de la globalización de las materias primas.
Una receta puede ser una guía, un “paper de trabajo” o un recuerdo familiar, pero sin producto, no hay receta que valga. El ingrediente de calidad convierte una preparación simple en una experiencia sensorial memorable; permite que sabores, aromas y texturas construyan una historia que compartimos en la mesa.
¡Nos leemos en febrero! Para los que están de vacaciones, feliz descanso.
Fuentes consultadas:
En La Cocina Magazine
Universitat Carlemany
