Antes de la creación de este concepto la gente almorzaba o cenaba fuera de casa, pero era una actividad muy diferente a la actual; tenía otra lógica, más funcional que social o experiencial.
Vamos a realizar un breve ejercicio de indagación que une la historia con la fundación simbólica; “Las tabernas ya existían desde el año 1700 AC, por lo que el hecho de salir a comer, ya existía desde tiempos inmemorables. Existen vestigios de un comedor público en Egipto en el año 512 AC que tenía un menú limitado, donde solo se servía un plato preparado con cereales, aves y cebollas”. Para puntualizar esta cita subrayemos que “salir a comer” no era una noción que se utilizara en aquellos años. Era básicamente encontrar un lugar donde reposar y alimentarse mientras se viajaba. No había ahí una experiencia de consumo, solo la necesidad. Todo cambia con la invención de los restaurantes.
¿De dónde procede la palabra Restaurant? Años antes de producirse la Revolución Francesa, en 1765, en la ciudad de París, se cuenta que un vendedor de sopas de apellido Boulanger abrió un establecimiento en la Rue des Poulies donde ofrecía caldos reconstituyentes, conocidos como “bouillons restaurants” (caldos que restauran). Para anunciar su negocio, colgó un letrero en latín que decía: “Venite ad me omnes qui stomacho laboratis et ego restaurabo vos”, que se traduce como: “Venid a mí todos los que tenéis el estómago cansado, y yo os restauraré”.
La frase, astuta y con un toque del estilo “Nuevo Testamento”, tuvo un gran éxito. Poco a poco, la gente empezó a referirse a ese tipo de locales como “restaurants”, porque su propósito era precisamente restaurar las fuerzas, el ánimo y la salud de quienes entraban.
El concepto moderno de restaurante que hoy conocemos, con menú individual, mesas separadas y posibilidad de elegir qué comer a través de una carta, se consolidó a finales del siglo XVIII, especialmente después de la Revolución Francesa, cuando muchos cocineros que trabajaban para la aristocracia perdieron su empleo y abrieron sus propios negocios. El término llegó a Estados Unidos en el año 1793 de la mano del refugiado francés Jean Baptiste Gilbert Payplat, quien abrió en Boston uno de los primeros restaurantes al estilo parisino, Julien’s Restorator.
Demos algunos pasos atrás. La palabra “restaurante” proviene del verbo francés “restaurer” que significa reponer, recuperar, y refleja esa hermosa idea de que la comida puede devolvernos la energía y levantar nuestro estado de ánimo. Más allá de la historia y de la simbología añadida, lo más bonito es el significado profundo que guarda la palabra: un restaurante no solo sirve comida, restaura el cuerpo y el espíritu. En lo personal, y creo que mucha gente comparte mi visión, comer o almorzar fuera de casa tiene un componente de regalarse indulgencia, de buscar ser atendido y así sentirse confortado.
Cada chef, repostera, barista, pizzero, cocinera, o maestro sandwichero que prepara un plato con cariño, cada mesera que tiene paciencia mientras dudamos qué pedir, cumple una misión noble: devolvernos un poco de alegría, energía y bienestar en medio del día a día. Y esa labor no es exclusiva de los restaurantes.
Todos nosotros, en nuestro trabajo, tenemos la oportunidad de restaurar algo en la vida de otra persona; una sonrisa, un momento de calma, un poco de confianza o felicidad. En tal caso, todos estamos llamados a restaurar nuestro entorno y a quienes nos rodean; algunos desde la palabra y las ideas, otros, desde los fogones. Como asesor comunicacional, lo veo así; transformar el mensaje en un acto de restitución es, en el fondo, devolverle a la comunicación su dimensión ética. Entender que cada palabra no solo construye imagen, sino también mundo.
Fuentes consultadas:
Gurmeteando
Hola Cocina
