Mazamiel, un Pasado Esforzado y un Dulce Presente

La experiencia panadera de esta familia se forja en la capital de la provincia de Cautín y, para felicidad de los santiaguinos, ha crecido en San Joaquín y con dos lindos locales en Ñuñoa.

El equipo RedBakery tiene una percepción luego de entrevistar a centenares de empresas del sector; Los emprendimientos que se crearon, o se expandieron durante el coronavirus y en el periodo inmediatamente posterior, no sobrevivieron por azar. Si uno observa, aparece una especie de “arquitectura invisible” compartida entre las propuestas que resistieron a este golpe global. Más que un conjunto de tácticas, parece una lógica profunda de funcionamiento. Los emprendimientos Bakery que sobreviven en tiempos difíciles no fueron necesariamente los más grandes ni los más visibles, sino los más densos en vínculos, criterio operativo y sentido de oficio. Nuestro entrevistado, José Vera, es junto a su familia y colaboradores un fiel representante de esta teoría.

¿Cómo nace el proyecto y cuándo deja de ser una idea para transformarse en realidad?

La historia de Mazamiel no es reciente, y no se puede decir que nació de forma espontánea. Nuestra familia Vera tiene una larga data de panaderías que funcionaron en Temuco y posteriormente en Santiago. José (el tata Nano, nuestro abuelo y la abuela Nivia) comenzaron la aventura en la capital y la continuaron nuestro padre Juan Carlos junto a nuestro tío Nelson haciendo crecer la marca Fontarella en La Cisterna, enfocados en la venta retail de Pan de Pascua y productos envasados de panadería y pastelería.

El negocio parecía ser un martirio del cual había que escapar. Fontarella sufrió una serie de calamidades que la llevaron a la quiebra, quedando nuestra familia con muy poco que rescatar,
Sin acceso a crédito, conseguimos un pequeño capital gracias a un primo en Venezuela y a un primer inversionista. Con ello arrendamos un local en San Joaquín, lo habilitamos desde cero, instalamos el equipamiento necesario y obtuvimos los permisos, integrando además una casa contigua donde luego vivirían mis padres. Con el tiempo, logramos poner en marcha una pequeña producción de panadería y pastelería, cuya venta permitió devolver el capital inicial.

Para entonces la salud del padre de este clan de emprendedores ya estaba deteriorada por la presencia de un cáncer. Cuando él falleció se hizo urgente dedicar más tiempo al negocio, y por eso nuestro entrevistado renunció a su trabajo de oficina después de siete años y comenzó a trabajar en la forja de la “arquitectura invisible” a tiempo completo para Mazamiel, el nombre con el que se decidió bautizar este emprendimiento familiar.

¿Qué historia personal hay detrás del nombre y qué querías transmitir con él?

El nombre tiene un origen que he mantenido en secreto, y hasta ahora no he querido revelar su sentido simbólico, invitando siempre a la gente a que investigue y lo descubra por sí mismo.

Como idea general se trata primero, de dar sentido al emprendimiento, como si nuestra visión y misión como aporte a la comunidad se basase en una aspiración espiritual. Demás está decir que nuestros valores están vinculados con la dignidad del trabajo, la colaboración mutua, y el flujo armónico del ejercicio del poder. Cada trabajador se debe desarrollar en el rol que ocupa de modo que utilice sus facultades particulares para aportar en el crecimiento. Mazamiel comparte sus medios de producción para que el trabajador desarrolle su potencial. Nuestra estructura está basada en la dinámica orgánica de un cuerpo, donde cada órgano cumple una función fundamental.

Otra forma de entender el nombre Mazamiel es la alegoría del trabajo y la miel, como el dulzor que debemos conseguir a partir de nuestro esfuerzo, del mismo modo que las abejas laboran en los prados, ellas trabajan para polinizar y sacar el dulzor de las flores, con un sentido altruista (si se quiere) y amor propio de la naturaleza. Nosotros como humanos debemos también hacer el trabajo necesario para generar momentos dulces en las familias que consumen nuestros productos; el pan del desayuno y las comidas, la torta del cumpleaños, elementos fundamentales para reunir a la gente, pedir deseos y propiciar el compartir. El dulzor como una forma de reparación de un mundo que nos suele saber bastante amargo.

“En el mundo de Mazamiel hay muchos secretos. Uno de ellos es el de los simpáticos Mazamielín. Ellos son los maravillosos duendes que reciben las letras del señor Libro de las recetas mágicas, ellos se aparecen en los sueños de los maestros, y con sabiduría transforman las dulces masitas en riquísimos pasteles y exquisitas tortas. Los Mazamielín cumplen una importante función que no podemos ver a simple vista; ellos procuran endulzar el amargo corazón de la gente, y para lograrlo no descansan y trabajan arduamente día tras día”.
Instagram de Mazamiel

¿Recuerdas el primer día de apertura? ¿Qué sentías en ese momento?

Para entonces mi hermano José recién había salido de la universidad y comenzaba a trabajar como diseñador industrial. En la medida que las ventas crecían, se necesitó apoyo y se integró en control de producción y administración. Ya cuando el negocio se consolida con ventas que nos permitieron acceder a créditos bancarios, pudimos hacer las posteriores inversiones con el objetivo de ampliar la producción y abrir dos sucursales en Ñuñoa. En paralelo desarrollamos una acotada cartera de clientes de despacho que se han mantenido fieles en el tiempo.

Para el primer día de apertura aún mi padre estaba vivo y alcanzó a hacerse cargo dentro de sus posibilidades de salud. No teníamos mucha expectativas, el flujo del barrio no era tan fluido y tomó tiempo ir ganando clientes hasta lograr fidelizarlos, había confianza en que debíamos ser perseverantes, y esperar tiempo para que el árbol diera sus frutos. Ya manejábamos una línea de producción de acuerdo a la experiencia anterior, pan corriente, amasado e integral, masas duces, pastelería, tortas y empanadas. Al principio rotaron algunos maestros y trabajábamos juntos tanto en la elaboración del primer pan de la mañana como en la venta en el mesón. Posteriormente se incorpora más gente de distintas nacionalidades debido a la situación migratoria, llegamos a albergar en nuestra panadería a trabajadores de Haití, Brasil, Argentina, Colombia, Perú, Cuba, y de la nación que nos aportó el primer capital de trabajo, Venezuela. Muchos de ellos aprendieron de los maestros chilenos antiguos, que nos siguen desde los tiempos de Fontarella y otros que aportaron con su propia experiencia y nuevas recetas.

¿Cómo decides cuándo un producto entra definitivamente a la vitrina y cuándo debe salir?

Nos hemos negado hasta ahora al autoservicio en la venta del pan. Mantenemos la costumbre de atención detrás de mesón, por lo tanto nuestros productos son ingresados a bandejas y vitrinas, siendo monitoreados diariamente por las vendedoras para mantener siempre lo más fresco disponible, y en su defecto se manejan promociones para productos que quedan rezagados para agilizar su salida.

¿Qué rol juega la experiencia —más allá del producto— en la conexión con el público?

Para nosotros es fundamental la atención al público, debido a que nuestros locales están ubicados en barrios residenciales de poco flujo peatonal, es imprescindible la fidelización, y promovemos que esta se dé de forma espontánea, generando vínculo con el cliente, conociendo sus nombres, escuchando sus inquietudes, saludando y despidiéndose con amabilidad. Entendemos el punto de venta como un lugar de encuentro, un espacio que permite el compartir, no tan sólo de mercancías y dinero, sino también de afectos y posibilidades de conexión y oportunidades dentro de un marco de espontaneidad, respeto y límites precisos entre vendedores y clientes. La venta es fundamental y quien cumple ese rol sabe que no sólo intercambia mercancía, también incentiva la compra de productos complementarios y escucha al cliente con atención, acoge sus inquietudes y resuelve para que siempre el cliente se retire conforme.

Y la conexión con el público y con su entorno va más allá de los hornos y sus creaciones. El año 2020, cuando celebraban 13 años de existencia de la panadería de San Joaquín, y por motivo de la conmemoración del Día del Patrimonio, realizaron una bella intervención artística en el frontis del local. Así lo dejaron registrado en Instagram; «A través de nuestro mural quisimos hacer un pequeño aporte a la identidad del barrio, creando la alegoría de cuento al trabajo diario en nuestro salón de producción, como si se tratase de una mágica fábrica de dulces y masitas listas para el horneo. El Señor Libro de recetas mágicas deja caer el secreto de la palabra Mazamiel en las manos de un enano pastelero que transformará el sueño en una deliciosa torta o un rico pastel para que endulce la vida de la gente, para que compartan en la mesa de la once, para festejar un cumpleaños o para acompañar una sobremesa con amor y alegría».

¿Cuál es el “anhelo de altura” que tienes para Mazamiel en los próximos años?

El sueño más grande que tenemos para Mazamiel en el futuro es poder contar con una planta de producción con más espacio y capacidad, para que también el desarrollo diario del trabajo se realice de forma más fluida y confortable. Otro anhelo es el de continuar con la apertura de locales y posicionar la marca como un referente en el mercado.

Si hoy volvieras a empezar desde cero, ¿qué harías distinto?

Si empezáramos de cero, habría demorado menos tiempo en incorporar productos nuevos y habría dado más importancia a la capacidad de bodegaje que nos permite bajar costos de materias primas. Habría dado más prioridad a nuestra capacidad de venta a través de nuevos puntos que al despacho de clientes por mayor, principalmente por el mejor control de los flujos que esto permite.

Después de todo este camino recorrido, ¿qué te sigue emocionando cada mañana cuando entras al local?

Nos emociona ver que un grupo de más de veinticinco personas somos capaces de ponernos de acuerdo para un objetivo común; crecer en conjunto, saludarnos cada día, reírnos y compartir, entendiendo que lo importante es el camino que recorremos y que los frutos llegan siendo pacientes y perseverantes en el rol que cada uno cumple.

Las páginas de esta historia se seguirán escribiendo y desde nuestra vereda le deseamos al equipo que comanda José Vera que los éxitos se sigan sumando, para honrar la memoria del padre, para que nuestro Bakery local siga profesionalizándose y para que los fieles clientes que les visitan día a día en los tres locales sigan frutando de esas ricas creaciones. ¡Felicidades!

Para seguirles y adquirir sus productos, acá sus plataformas online;

Instagram: @mazamielpanaderia
Facebook: @Mazamiel
Web: www.mazamiel.cl

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