Industria del Helado: Queridos Recuerdos, Cálido Presente

«Deme un pote de Caramelo Salado, por favor”. Es el último helado que probé en el Toldo Azul, una heladería de autor acá en Santiago de Chile. ¡Nos pusimos sofisticados!

Porque nuestro mercado local siempre ha mostrado la tendencia hacia los productos helados y por supuesto, a medida que el este mercado madura se va diversificando la oferta. Y eso se demuestra en el hecho que somos el país sudamericano que más consume este delicioso producto con nada menos que 11 litros al año por persona (y se proyecta un crecimiento del 4,6% entre 2025 y 2034).

Bastante distinto era el panorama hace algunas décadas atrás, cuando los helados eran de consumo exclusivo de los meses de calor y desaparecían en invierno, hasta que todo evolucionó y se posicionó como un postre y nos acostumbraron a comerlos en toda temporada. En el universo más sencillo de mi infancia, los veranos giraban en torno a los helados de paleta Savory: el Lolly Pop, el Centella, el Stereo, el Crocanty, el Super Sonic, el Cremino y, por supuesto, el infaltable Chocolito. Bresler y Chamonix completaban aquella tríada legendaria de marcas, en un mercado donde también brillaban con esfuerzo los helados LB del sur y Panda, con su célebre “chocolito de las micros”, el Choco Panda.

Pasábamos todo el invierno imaginando cuál sería la novedad del verano, y en esa espera hubo dos lanzamientos que quedaron grabados en la memoria colectiva. El primero fue el Danky 21, un helado de leche con pasas al ron publicitado como “prohibido para menores”, apelando con a su sabor, que para nosotros, era sofisticado. El segundo, el inolvidable Nogatonga, también de cono, cuyo reto no era solo disfrutarlo, sino lograr pronunciar, sin equivocarse, su nombre completo: nogatongamegalosomanjarchafafrinilofo.

Aparte estaban las esperadas cassatas del domingo, que hasta fines de los años setenta se vendían en envases de cartón. Lúcuma, chirimoya, frutilla, chocolate, chirimoya alegre, piña y la clásica brick tricolor formaban parte del ritual familiar.

Más tarde llegó San Francisco con su catálogo más refinado, y todo cambió. El mundo de los helados se revolucionó y se volvió explorador. Descubrimos los artesanales, los de “pura fruta”, y poco a poco fuimos dejando atrás aquellos sabores infantiles. Fue entonces cuando aprendimos a saborear, otro gusto del verano. Estos eran mi gustos, pero debemos ir un poco más en este breve análisis – reflexión; ¿qué busca el mercado hoy?

Un reciente análisis del mercado de Helados en nuestro país dice. «Hoy en día la gente se preocupa más por su dieta, por lo que busca productos bajos en grasa, sin azúcar, veganos y sin lactosa, lo que está estimulando el mercado del helado en Chile. Muchas empresas clave se están centrando en producir helados bajos en azúcar y grasa para atraer a un mayor número de consumidores».

Reflexión final: El nuevo sabor del bienestar

Hoy el helado ya no es solo un capricho de verano, sino un reflejo de una tendencia que llegó para quedarse: el bienestar consciente. Cada vez más personas se detienen a leer las etiquetas, comparan ingredientes y buscan opciones que no solo sean ricas, sino que también “les hagan bien”. En ese contexto, el mercado del helado en Chile está viviendo una transformación interesante: ya no se trata solo de competir por sabor o precio, sino por propósito.

Las marcas que están sabiendo leer este cambio están reformulando sus recetas y su narrativa. Se habla de “helados bajos en grasa”, “sin azúcar añadido”, “veganos” o “sin lactosa”, pero lo que realmente venden es tranquilidad: la idea de poder disfrutar sin culpa. Esa es la nueva promesa emocional detrás del producto. Y en marketing, eso vale oro.

Lo curioso es que, en el fondo, la gente sigue buscando indulgencia. Lo que cambió fue la forma en que ese placer se justifica. En vez de complacencia pura, ahora se busca equilibrio: disfrutar, pero de manera responsable. Por eso, los helados de hoy no solo deben ser livianos en calorías, sino también honestos en su comunicación, coherentes con un consumidor más informado y exigente.

El desafío para las marcas y los fabricantes artesanales es enorme. No basta con reducir el azúcar: hay que construir un relato creíble en torno al bienestar, la naturalidad y la transparencia. Porque si algo aprendimos en marketing es que los gustos cambian, pero la necesidad de conectar —esa sí— nunca pasa de moda. ¡¡Nos leemos en unas semanas más!! Gracias por la atención.

Fuentes Consultadas:
Frognum
Chef & Hotel
Informes de Expertos

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