Más de 50 mil dólares obtuvo Andrea Ortiz, repostera oriunda de Talcahuano, Región del Biobío, que se convirtió en la triunfadora de una nueva temporada de “Is It Cake?” (¿Es Pastel?).
El popular programa de la plataforma de servicio de streaming Netflix, que se emite desde Canadá, consiste en elaborar un pastel que se parezca lo mejor posible a un objeto, lo que se conoce también como Tortas Hiperrealistas.
Andrea Ortiz dejó la casa de sus padres en Talcahuano, para irse a trabajar a Vancouver y poder desarrollar sus capacidades en la repostería. Debido a su éxito por sus particulares tortas, las cuales pueden ser desde una torta normal de dos pisos hasta una copia idéntica a un dibujo animado, Andrea logró crear su propia en redes sociales y obtener una importante cantidad de seguidores en Instagram donde a la fecha ya suma 75.400 fans. “Fue loco, la verdad que yo no me lo esperaba para nada. Fui con la intención de pasarlo bien, yo estaba agradecida por el hecho de estar ahí”, declaró la artista de la tendencia Cake Designer al recordar que dentro del programa se trató de destacar que eran tres competidores canadienses en la final, y ella aclaró que no era así: “Les decía que no, que yo soy chilena. Soy bien orgullosa de ser chilena”.
Tras ser consultada sobre los proyectos que piensa llevar a la realidad con la obtención de este premio, Andrea explicó que “en finanzas no soy la mejor, entonces le pedí ayuda a mi marido. Le dije ‘por favor necesito ayuda porque en verdad yo sé que si lo tengo me lo voy a gastar entero’. Así que nada, mi marido me dijo ‘ya, te voy a pasar una parte para que lo tengas y te lo gastes en lo que quieras y la otra parte hay que invertirla, y ver qué hacemos’. Así que agradecida en ese sentido de tenerlo a él porque de verdad que me iría a Japón por medio año, es demasiada responsabilidad (…) A mí me cuesta igual mucho confiar en las personas y encontrar un equipo de trabajo que le tenga el mismo cariño que tú le tienes a tu emprendimiento, entonces siento que me costaría mucho y no, la verdad que prefiero hacer las cosas a pedido de forma más exclusiva”.
La afirmación de Andrea encierra una postura que combina sensibilidad, realismo y una profunda comprensión del valor personal detrás de un oficio creativo. Su decisión de mantener un modelo de trabajo más acotado y exclusivo, en lugar de crecer mediante un equipo o producción en serie, no solo refleja una forma de proteger la calidad de su producto, sino también una manera de preservar su identidad como creadora.
En el rubro gastronómico —y especialmente en la pastelería artesanal— el vínculo emocional entre quien crea y lo creado suele ser muy fuerte. Cada receta lleva algo del estilo, del gusto y de la visión de quien la ejecuta. Por eso, delegar no siempre es una cuestión técnica: implica confiar en que otros reproducirán no solo una fórmula, sino también una sensibilidad. Y esa confianza, como ella misma reconoce, puede ser difícil de construir.
Optar por un modelo de producción “a pedido” y “más exclusivo” tiene sus costos, pero también su coherencia. Frente a un mercado que tiende a premiar la escala, la rapidez y la visibilidad, esta pastelera elige la medida humana: calidad antes que cantidad, vínculo directo antes que anonimato. Su decisión rescata la idea de que un emprendimiento no necesariamente debe crecer en volumen para tener éxito; también puede crecer en profundidad, en prestigio, en autenticidad.
En última instancia, su posición es una declaración de principios sobre el sentido del trabajo independiente: el deseo de conservar el control sobre la creación, de mantener intacto el cariño por lo que se hace, y de ofrecer algo que no se repita infinitamente, sino que conserve la huella de quien lo elaboró.
Fuentes:
Sabes Chile
Radio Biobío
Mega TV
