Localizado en una ubicación muy conectada con el resto de la ciudad, el Barrio Vaticano Chico es uno de esos lugares de Providencia en Santiago, que ofrece una ruta para vivir un gran Bakery.
En los últimos años, este sector, — para defenderse de las propuestas inmobiliarias que buscan levantar nuevos edificios—, se ha consolidado como un atractivo polo gastronómico, sumando bares, panaderías, restaurantes y cafeterías que invitan a ser descubiertos. En medio de esta renovada escena, María Luisa Café destaca con identidad propia. Su fachada cautiva de inmediato, mientras que en el interior se despliega un universo cuidadosamente curado: muros intervenidos con hermosos cuadros, antigüedades como una vitrola en perfecto estado o un elegante longcase clock, delicadas porcelanas en exhibición y bellas vitrinas que dialogan entre sí.
Hoy, este espacio ha sido habilitado como un punto de encuentro versátil y acogedor, ideal tanto para desayunar o almorzar como para celebrar matrimonios, seminarios y diversos encuentros sociales y corporativos. A través de Camila Arismendi, socia y encargada de Comunicaciones y Eventos, nos haremos un poco parte de esta propuesta que es bastante más que una cafetería.
En un escenario global donde el Bakery tiende a la estandarización, ¿Cómo construyen una identidad irrepetible desde el cruce entre patrimonio, arte y gastronomía?
Precisamente a través de ese cruce que es irrepetible; la unión entre el patrimonio histórico, el arte y la gastronomía. Sumado al foco no solo dentro de la casa, sino que el contexto en donde está localizada nuestra casona, hace que sea la una identidad muy propia.
Porque estamos rodeados, además, por hospitales, por centros de quimioterapia o de radioterapia. Estamos muy cerca de la FALP también. Y eso hace que nuestros usuarios muchas veces estén batallando con condiciones particulares. Y tenemos esa visión de manera permanente. Entonces, más allá de nuestra oferta gastronómica, de la casona, del patrimonio, de la historia, creo que es la unión de todos estos factores lo que nos hace diferentes al resto.
«¡Qué lugar tan bonito! Es una casa antigua, con muebles hermosos y llena de cuadros. Hay una terraza con piscina ideal para hacer eventos. Fuimos a desayunar con mi mamá y todo lo que pedimos estaba rico: recomiendo el ave palta, la torta tres leches, el americano y el affogato. Puedes pedirlo en vasito de galleta. La chica que nos atendió era encantadora. ¡Un lugar precioso para repetir! — Isidora Morales en Reseñas de Google Maps
¿El hecho de que muchos objetos estén a la venta transforma el espacio en una experiencia retail? ¿Cómo dialoga esta decisión con la rentabilidad del negocio gastronómico?
Muchos objetos están a la venta, pero no llega a ser una experiencia retail porque no existe un vendedor, sino que pasa a ser un descubrimiento. La compra de las antigüedades de la casa se activan solo para aquellos curiosos o interesados, o verdaderos amantes de las antigüedades, que logran ver que hay en alguna parte un cartelito con un precio en uno que otro cuadro, en una que otra mesa, y dice, “oye, ¿y esto qué es? ¿Está a la venta?” y eso desencadena la historia completa, en donde decimos, claro, pero no solo se vende por una razón comercial, sino que tiene todo una historia con Carlos Ortega, mi socio, que es el dueño de las antigüedades. Él está en esta etapa de querer mostrar todos sus juguetes y que no tiene suficiente espacio para exhibirlos, y que su señora ya no lo deja comprar más antigüedades tampoco. Entonces tiene que empezar a dejar ir algunas, y por eso sucede esta venta.
Y en términos experienciales sucede entonces que el cliente no solo se entera de toda esta historia como medio anecdótica, sino que además es parte de un proyecto vivo, porque tú vas al café un día, vuelves a las dos semanas y cambió un piano por otra cosa, u otro tipo de piano, o viste que cambiaron todos los cuadros y ya no hay barcos, sino que ahora son flores, o son paisajes de Valparaíso. La gran rentabilidad que le veo es experiencial para nuestro usuario.
«María Luisa es para enamorarse y volver todos los días. No solo por su comida o por su atención, es porque te hace sentir siempre, como en casa. Visítanos en María Luisa Santander 568, Providencia». — Instagram de María Luisa Café
El entorno de la casona ha moldeado un concepto de refugio. ¿Creen que el Bakery del futuro será también un espacio terapéutico y emocional?
Esperamos que sí, que este concepto de refugio no se entienda solo como un espacio quieto, como una especie de burbuja dentro de la ciudad a la que una llega para apartarse del ruido, de la enfermedad, de la contaminación visual y acústica que atraviesa nuestro entorno más inmediato —en sectores como Salvador, Rancagua o Providencia, donde este tipo de dinámicas es constante—, sino también como un lugar vivo, en permanente construcción.
En ese sentido, me interesa mucho ir sumando instancias colaborativas con distintos talleristas, algo que de hecho ya ha comenzado a ocurrir de manera orgánica. A veces contamos con una psicóloga que atiende algunas sesiones desde el café; en otras ocasiones, hemos tenido tarotistas, o grupos de jóvenes que organizan talleres de yoga durante la primavera y el verano, aprovechando el espacio exterior, en el pastito. La idea es que este refugio no solo acoja, sino que también active, conecte y genere nuevas formas de encuentro.
Así que claro, es el refugio, pero cada vez más se va asentando esta sensación de que es un espacio vivo en donde coexiste una potencial terapia, digamos. Hay oportunidad de sanación.
«En medio del ritmo de la ciudad, siempre es bueno encontrar un lugar donde detenerse un momento. Desayunos, almuerzos, una rica once, café de especialidad, tortas y un espacio pensado para disfrutar sin apuro». — Instagram de María Luisa Café
La carta apuesta por clásicos (cheesecake, Carrot Cake, tres leches). ¿Cómo deciden qué productos mantener en clave tradicional y cuáles reinterpretar desde una mirada contemporánea?
Bueno, la verdad es que somos un negocio joven. Nuestra carta ha sufrido varias modificaciones y creo que está lejos de haber llegado a la oferta estable. Nosotros hemos tomado, si es que no todas las decisiones, al menos el 80% en base al feedback de nuestros usuarios.
Algunas cosas pequeñas, como el cheesecake, es porque a mí me gusta y el chai latte es porque es el té favorito de mi socio Carlos. Todo el resto ha sido en base a lo que nos ha dicho todos los que nos visitan al café.
Porque quienes nos visitan nos sugerían incursionar más en algo un poco más hipercalórico y más dulce, más denso, más milhoja, más manjar. Y eso, bueno, creo que también responde un poco a la estacionalidad. Nosotros estamos en otoño-invierno y durante esta estación no tiene nada de extraño que la oferta gastronómica se modifique hacia ese lado. Pero dentro de todo, sí, tradicionales, y eso también tiene que ver con una decisión no solo desde el perfil comercial – venta, sino que desde el perfil comercial – patente.
Nosotros no somos productores, nosotros tenemos una patente para servir comidita, pero no tenemos producción interna. Entonces, es un punto a favor y un punto en contra. A favor porque nos permite tener, claro, esta variabilidad, incluso estacional, o las veces que sea necesario, de acuerdo a lo que va pidiendo la gente, de ir añadiendo o retirando productos de la carta. Y el punto en contra es que, claro, a mí me encantaría tener acceso a que pudiéramos hacer nuestra propia pastelería e ir creando un sabor único y característico.
Respecto de la selección de proveedores, nuestra entrevistada explica que trabajan exclusivamente con productores certificados y con resolución sanitaria vigente, una condición indispensable que, reconoce, ha limitado la incorporación de algunos proyectos con historias especialmente valiosas que aún no han logrado regularizar su operación.
Dentro de ese marco, el café ha buscado construir una propuesta diversa, integrando distintas tradiciones gastronómicas. Parte de su oferta de pastelería, por ejemplo, tiene origen en una cocinería peruana, de donde proviene su crema volteada, una preparación que —asegura Camila— ha tenido muy buena recepción entre los clientes. A ello se suma la colaboración con productores nacionales, como una pastelería del sur de Chile, responsable de los kuchen y el strudel que evocan sabores propios de Puerto Varas y de la fruta fresca.
En cuanto al pan, señala que proviene de una panadería reconocida del sector oriente de Santiago, elegida por afinidad previa con sus socios y por la consistencia de su calidad.
Si bien le gustaría integrar más proyectos con un relato artesanal —como emprendimientos familiares o de pequeña escala—, enfatiza que la formalización es un requisito ineludible. “Muchas veces aparecen propuestas muy atractivas, con una historia potente detrás, pero quedamos a la espera de que regularicen su situación para poder trabajar juntos”, comenta. En ese sentido, concluye que, aunque el relato de origen es relevante, la decisión final siempre prioriza la calidad del producto.
¿Cómo equilibran la estética —muy cuidada y narrativa— con la eficiencia operativa en cocina y servicio?
Bueno, en realidad, siento que la casa tiene su propio ritmo, y ese ritmo dialoga profundamente con esta idea de refugio. Es como si todo ocurriera con un tempo más pausado; cuesta explicarlo, pero la casa se mueve a un tiempo distinto al de la ciudad.
Entonces, claro, está la estética, pero también está la experiencia: tanto la casa como quienes la habitan —quienes entran en ella— se acoplan a ese pulso más lento. Y, sin embargo, en contraste, la eficiencia termina brillando de manera muy natural. Tenemos a Pato Chef, sacando los pedidos desde la cocina con una rapidez impresionante.
Muchas veces pasa que las personas se sorprenden: sienten que acaban de pedir, y en menos de siete minutos ya tienen su orden en la mesa, sin importar el flujo de gente que haya en el café. Entonces, sí, la eficiencia está, sin duda, pero convive con este otro tiempo, más amable y desacelerado, que es parte esencial de la experiencia.
Y si tuviera que elegir algo para mejorar sería la estética de nuestra oferta, o sea que no solo llegue en siete minutos, sino que llegue en ese preciso tiempo y te imaginas que tuviera, no sé, flores u otro lindo detalle. Creo que van por ahí nuestras nuevas incursiones en lo que hacemos hoy en términos de garnish y presentación.
¿Cómo adaptaron la infraestructura patrimonial a estándares actuales de producción Bakery?
Con una inversión inicial profunda, porque nos tocó realizarla para generar la patente comercial y para poder empezar a operar como café. Debimos renovar todo el sistema eléctrico de la casa para contar con todos los sellos de seguridad de electricidad, gases y aguas que exigía la Municipalidad de Providencia, que son estándares a nivel nacional. Así que los desafíos técnicos fueron brutales y valió hasta el último centavo, porque era parte de restaurar y recuperar una casa de los años 40’s.
Han abierto el espacio a exposiciones artísticas. ¿Ven la cultura como una estrategia de posicionamiento o como parte esencial del proyecto?
La cultura es parte del ADN de María Luisa Café, sin duda alguna. No sólo desde la pasión que siente mi socio, por las antigüedades, las obras de arte, las pinturas, las esculturas, sino porque nosotros somos amantes profundos del arte en muchos sentidos. En lo personal, yo estudié producción musical, me dediqué a ese arte durante casi todos estos años.
Entonces, mi arraigo con el mundo cultural y lo desafiante que es hacer cultura en Chile, hace que no sólo María Luisa Café, sino que prácticamente cualquier cosa en la que quiera emprender el arte sea bienvenida; desde la fotografía, exposición de cuadros, música en vivo, hasta tener este piano siempre afinado en el salón principal donde van niños y adultos y se toman un café y después tocan piano y hacen música y llevan cultura hacia donde van. Eso impregna la casa. Y la casa en sí, arquitectónicamente, me parece una obra de arte en sí misma. Así es que creo que es parte del ADN y de la construcción completa.
En términos de experiencia de cliente, ¿Qué buscan que recuerde una persona: el producto, el espacio o la sensación emocional de la visita?
Uy, ojalá todos, ojalá se vayan pensando “qué rico lo que me comí, qué casa más linda y qué bien cuidada me sentí”. Pero si tuviera que elegir una por sobre el resto, creo que me iría por la atención al detalle, el cuidado y el cariño con el que atendemos a nuestros usuarios, la sonrisa con las que lo recibimos y las ganas con las que hacemos las cosas. Es todo humano, la verdad, más allá de la carcasa, del marco y del producto final que llega a la mesa, digamos.
Si tuviera que elegir una sola cosa, quisiera que recuerden que se fueron queridos.
Si tuvieran que proyectar a María Luisa Café, ¿lo imaginan replicable como modelo o necesariamente único e irrepetible?
Nos hemos cuestionado esto y a pesar de que la conclusión final no existe todavía porque es muy joven, a mí me parece que María Luisa Café es único y no es franquiciable, porque es la conjunción de infinitos factores que no se pueden dar en otro espacio. Pero, ¿quién sabe?
Y para despedirnos, entregamos un último gran detalle que llamó mucho la atención a nuestro equipo de comunicaciones; En esta gran casa hay tres gatitos que llegan a almorzar o desayunar muy seguido. Son también buenos vecinos de un barrio que está reluciendo gracias a María Luisa Café. Agradecidos desde el corazón a Camila Arismendi por la delicada atención que nos ofreció al equipo de RedBakery.
Para conocer y seguir a María Luisa Café, acá sus espacios virtuales:
Instagram: @marialuisa.cafe
























