La Inteligencia Artificial abre la Cafetería del Barrio

Hay algo curioso en este momento que vivimos: mientras una parte del mundo intenta llevarlo todo hacia lo digital, algunas compañías de IA están tomando el camino contrario.

Han estado abriendo cafeterías… Perplexity inauguró Café Curious en Seúl (Corea del Sur). Anthropic transformó un quiosco de periódicos de Air Mail en el West Village de Nueva York (USA) en una cafetería temporal y espacio libre de pantallas llamado «Zero Slop Zone» y ElevenLabs hizo algo similar en Soho, un barrio muy internacional ubicado también en esa ciudad norteamericana.

Se trata de espacios físicos que buscan sacar a estas marcas de la pantalla y llevarlas a un territorio bastante más conocido por quienes estamos alrededor del sector del Bakery: el de la experiencia. Y aquí aparece una pregunta que me interesa especialmente. ¿Por qué el café? Como periodista, fanática de esta rica bebida y observadora de la cultura gastronómica, me parece que la respuesta tiene bastante que ver con algo que la tecnología todavía necesita construir: cercanía.

Aquí una prueba de las intenciones de quienes están detrás de estas gigantescas marcas de Inteligencia Artificial: “No estamos compitiendo por la atención. Estamos creando un espacio para reconectarnos con algo esencial: el pensamiento humano”, explican desde el equipo liderado por Sam McAllister, que ha diseñado esta experiencia cafetera junto a otros miembros de Anthropic.

La IA puede conversar, crear imágenes, escribir, traducir, investigar y resolver en segundos tareas que antes nos tomaban horas. Pero hay una dimensión de la relación humana que no ocurre en una interfaz. Ocurre alrededor de una mesa, frente a una barra, con un café en la mano, porque el café tiene algo extraordinariamente sencillo. Es cotidiano, reconocible y sensorial. Tiene aroma, temperatura, textura. Tiene ese pequeño ritual de sostener una taza y quedarse unos minutos más de lo previsto. Y eso, en tiempos de Inteligencia Artificial, adquiere un valor interesante.

Las grandes compañías tecnológicas están descubriendo que la tecnología puede ser muy eficiente, pero que las personas seguimos necesitando lugares donde sentirnos parte de algo. Quizás por eso estos espacios no debieran entenderse solamente como acciones de marketing. Son también una forma de humanización.

En un mercado donde las herramientas de IA comienzan a parecerse cada vez más entre sí, las marcas necesitan construir identidad. Y cuando el producto tecnológico se vuelve difícil de diferenciar para el consumidor común, aparece otra posibilidad: diferenciarse a través de la experiencia.

Aquí es donde la industria del Bakery tiene, a mi juicio, algo importante que exponer.
Porque nosotros conocemos esta conversación desde hace mucho tiempo.

Una panadería no es solo el lugar donde se produce pan. Lo mismo una pastelería. Una cafetería tampoco es únicamente el espacio donde se sirve café. Cuando funcionan bien, ambas construyen una pequeña geografía emocional. Hay lugares a los que uno vuelve por el producto, naturalmente. Pero también vuelve por cómo lo hicieron sentir. Por la persona que atendió. Por el aroma que había esa mañana. Por la mesa junto a la ventana. Por ese café que se tomó sin mirar el teléfono durante diez minutos. Me parece que ahí existe una enseñanza interesante para el Bakery contemporáneo.

Durante años hemos hablado de digitalización, delivery, redes sociales, automatización, robótica y eficiencia. Todo eso seguirá siendo necesario. Pero quizás estamos entrando en una etapa en que lo presencial recuperará parte del valor que perdió frente a la pantalla.

Y no deja de ser una rareza. Las empresas que están construyendo algunas de las tecnologías más sofisticadas de nuestra época están descubriendo el valor de algo tan antiguo como sentarse a tomar un café. No necesitan inventarlo. Está en nuestros barrios, en nuestras fuentes de soda (hoy alicaídas), en nuestras panaderías contemporáneas y los nuevos bakery coffee.

Lo que sí pueden hacer es ayudarnos a comprender mejor cómo utilizar ese espacio, cómo conocer a nuestros clientes, cómo personalizar una experiencia o cómo construir nuevas formas de relación sin perder aquello que hace que una cafetería sea, precisamente, una cafetería.

Porque tengo la impresión que el futuro no necesariamente serán locales atendidos por una Inteligencia Artificial. Quizás sea algo bastante más encantador; una pastelería que utilice IA para entender mejor a las personas, pero que siga necesitando de personas para recibirlas. Una panadería capaz de conocer mejor a su comunidad, sin dejar de conversar con ella. Un espacio donde la tecnología esté presente, pero no sea necesariamente lo más importante.

Porque cuando todo puede suceder detrás de una pantalla, sentarse frente a alguien comienza a tener otro valor. Y quizás eso sea, precisamente, lo que las compañías de Inteligencia Artificial están descubriendo. Que para humanizar la tecnología a veces basta con servir un buen café… en mi caso acompañado con un rico galletón integral.

Nos encontramos en octubre. Les deseo un alegre septiembre, cargado de muchos buenos momentos para compartir aquello que nos une.

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