Panadería La Frø: Una Semilla que germinó en Oficio

Hay emprendimientos que nacen con grandes vitrinas y otros que comienzan de manera mucho más íntima: un espacio pequeño, pocas manos y muchas ganas de hacer bien las cosas.

Esta micropanadería pertenece a esa segunda condición. Su propuesta se construye desde el cuidado por los procesos, la atención a los detalles y una relación cercana con quienes se contactan con La Frø para disfrutar de exquisitas creaciones del Bakery. En tiempos donde la producción parece estar cada vez más asociada al volumen, aquí la escala también puede ser una forma de identidad. Cada pieza tiene detrás tiempo, oficio y una manera particular de entender el pan.

Conversamos con la creadora y socia fundadora de La Frø, Verónica Contreras Seitz, para conocer la historia, las decisiones y también los desafíos que existen detrás de levantar una panadería pequeña, pero con una mirada propia. Ella es Chef y ha dedicado gran parte de su carrera a la investigación y estudio en panificación, capacitándose y aprendiendo del oficio en diversas latitudes del mundo. Una voz autorizada que el Bakery nacional necesita.

¿Qué descubriste en tus primeros años de formación en panadería que te hizo pensar que este podía convertirse en tu oficio?

La verdad es que desde siempre me gusto la cocina, en especial la pastelería, e incluso pensé en estudiar Gastronomía, pero finalmente me decidí por estudiar Derecho. Sin embargo, ese interés siempre estuvo ahí, de hecho para poder manejar el estrés del examen de grado tomé varios cursos de pastelería en Culinary. Sin embargo, fue durante mi Work and Holiday en Australia, cuando mi hermana me regaló un curso de panadería, que algo cambió: al hacer pan volví a sentir la misma sensación que tenía de niña cuando amasaba pan con mi mamá.

Al regresar a Chile descubrí Artebianca, cuando recién comenzaba, y fui parte de su segunda generación. Entré pensando que me interesaba principalmente la pastelería, pero tuve la suerte de tener un muy buen profesor de panadería, y terminé enamorándome de este oficio y de la posibilidad de crear tanto sabor y textura a partir de ingredientes tan simples como harina, agua, sal, levadura, masa madre y tiempo. Ahí entendí que la panadería podía convertirse en mi oficio, y lo terminé reafirmado cuando hice mi práctica en España, fue algo muy loco porque por primera vez sentí que estaba haciendo lo que tenía que hacer.

«Somos una micropanadería artesana que busca generar productos que inspiren emociones, que generen momentos y recuerdos. Queremos reivindicar el pan artesanal y de calidad, ese que no tiene mejorantes ni aditivos, ese que es realizado con cariño, respetando los procesos de amasado, fermentación y horneado. Queremos que cada vez que prueben nuestros productos sientan el calor de un abrazo, porque son hechos con mucho cariño y amor» — Instagram de La Frø

¿Qué cambió en tu manera de entender el pan desde que comenzaste a estudiarlo hasta hoy?

Mucho, ha cambiado un montón en verdad. Cuando partí estudiando no entendía lo complejo y técnico que puede llegar a ser, las variables que hay que manejar, porque finalmente se está trabajando con un elemento vivo (las levaduras), y eso hace que cada día de trabajo sea distinto, además de entender que el tiempo es un ingrediente más. En ese sentido, hoy entiendo a la panadería como un oficio que exige observar, aprender constantemente, saber adaptarse y a tener paciencia, y eso obviamente ha influido en la manera en la que hago pan en La Frø.

«Este año llega La Frø con la canasta llena de hogaza, pan de campo, centeno 100%, integral, baguette, focaccia de romero, aceituna y cebolla caramelizada. En lo dulce, croissant, kouign-amann, rollo de pasas, de canela y de frambuesa, palmeritas, queques de limón y queque vegano de zanahoria, por mencionar algunos». Es la reseña que publicó hace unos días el portal especializado WIP acerca del encuentro Pan Comido 2026 en el MUT en el que participó esta micropanadería y que marcó un momento especial en la visualización de la marca para un público fuera del nicho que ya los prefiere. De hecho fue el dato que nos permitió conocerles, revisar lo que hacen y luego alimentar las ganas de entrevistarles…

¿Por qué decidiste comenzar a una escala pequeña?

Porque quería que La Frø creciera de manera orgánica y a un ritmo que me permitiera cuidar cada detalle y cada proceso de manera de no perder lo que para mí hace especial a la panadería y pastelería artesanal. Además comenzar a escala pequeña me permite estar involucrada en cada etapa, conocer mis productos, experimentar, equivocarme, aprender de cada elaboración y mantener una relación más cercana con mis clientes. Y también, y quizás lo más importante, porque me gusta mucho al idea de trabajar a una escala más humana, donde quien me compra sabe quién hizo el pan, qué ingredientes tiene, cómo se hace, que sepa que detrás de cada producto hay una persona que lo hizo con cariño. Creo que es bonito que se genere esa relación más cercana entre quien produce y quien compra, sobretodo en un mundo tan inmediato como en el que estamos.

«Somos micropanadería, porque horneamos en un espacio menor a 27 metros cuadrados, por lo tanto tenemos una producción pequeña, pero de calidad, respetando los procesos y con los mejores ingredientes.» — Instagram de La Frø

¿Qué crees que está buscando hoy el consumidor cuando elige un pan de una micropanadería?

Creo que el consumidor busca algo más que simplemente comprar pan. Busca saber qué ingredientes tiene, cómo se hizo y quién está detrás de ese producto. Creo que quien elige un producto de una micropanadería busca un pan artesanal, hecho con procesos más cuidados, pero también por la experiencia y conexión que hay detrás, saber quién hace tu pan, preguntarle, saber cómo trabaja y de esa manera saber que está comprando algo que fue hecho con tiempo y dedicación.

Verónica considera que el tiempo es, literalmente, un ingrediente más en la elaboración del pan. La fermentación, los reposos y el propio proceso de elaboración son determinantes para conseguir el sabor, el aroma y la textura que busca en cada pieza. Sin embargo, reconoce que transmitir el valor de ese tiempo al consumidor no siempre resulta sencillo, principalmente porque es algo que no se ve. A su juicio, es al probar el pan cuando esa diferencia comienza a hacerse evidente. Por eso, entiende que parte del oficio del panadero también consiste en educar al consumidor, ayudándolo a comprender que detrás de un pan aparentemente sencillo existen horas de trabajo y dedicación.

En su caso, explica, esta tarea resulta algo más sencilla gracias al trato directo que mantiene con sus clientes, lo que le permite conversar con ellos y explicarles de primera mano lo que hay detrás de cada elaboración.

¿Cuánto ha influido tu experiencia trabajando en otras panaderías, en la manera en que hoy produces en La Frø?

Mucho. He aprendido muchas cosas que aplico hoy. Yo creo que todo lo que hago es una mezcla de conocimientos de cursos, de mi formación y de mi paso como practicante y como panadera en otras panaderías. De cada una de mis experiencias he ido sacando aprendizajes que hoy son fundamentales en cómo trabajo: técnicas de trabajo, como manejar las masas, cómo organizar la producción, pero especialmente en preocuparme de tener buenas materias primas, de trabajar organizadamente y respetar los procesos para lograr un buen producto. Y también como relacionarme con los clientes para elevar un poco más su experiencia, en ese sentido haber trabajado en una panadería de barrio fue clave para entender y reafirmar lo importante que es la conexión humana en una venta.

El nombre La Frø significa “semilla” en danés. ¿Qué querías sembrar cuando creaste la marca y qué sientes que ha germinado desde entonces?

Cuando creé la marca venía pensando en crear algo nuevo, y por eso la idea de que el nombre reflejara ese nuevo inicio. Ahí pensé en la palabra semilla, porque una semilla no es lo que es hoy, sino todo lo que puede llegar a ser. Está en danés porque cuando estaba estudiando derecho hice un intercambio en Dinamarca, y fue ahí, donde me enamoré de la bollería danesa, que a mi parecer es superior a la francesa, además de enamorarme de la manera de vivir de allá, sobre todo del ‘hygge’ que es esa idea de disfrutar las cosas simples.

En ese sentido, y respondiendo ahora la pregunta, quería crear productos que generaran algo en la gente, que se notara el cariño que iba detrás, que fueran como un “nanai” o cariño para el alma (que es lo que sentía yo al comer rollos de canela en el invierno danés), que cuando alguien probara alguno de los productos sintiera un abrazo en cada bocado. Básicamente quería que mis productos no fueran solo algo rico, sino que generará algo en la gente que los prueba.

Y hoy cuando reviso para atrás y veo los mensajes que nos dejan los clientes desde que nuestros panes son un lujo, hasta que unas palmeritas le alegraron un mal día, o que una galleta le recordó un momento de infancia, creo que lo hemos logrado.

Siento que la semilla que germinó y que sigue creciendo, se ha transformado en un oficio que me encanta, una marca que me representa y una conexión muy bonita con las personas que han ido conociendo La Frø y la han ayudado a crecer.

Hoy vemos cada vez más panaderías pequeñas, especializadas y con una identidad muy marcada. ¿Estamos frente a una transformación profunda de la panadería chilena o simplemente ante una nueva tendencia gastronómica?

Creo que es un poco más que una tendencia, pero todavía es difícil decir hasta donde va a llegar. Pienso que cada vez más hay una idea de respetar más los productos, de regresar al origen, a cómo se hacían antes las cosas, además de buscar una conexión más humana en un mundo cada vez más digital y más inmediato.

Ahora bien, no creo que las panaderías pequeñas vayan a reemplazar a las grandes, son modelos distintos que pueden convivir, sobretodo porque apuntan a públicos distintos. No obstante lo anterior, igual estimo que si estos cambios que hacen las panaderías pequeñas y especializadas se van consolidando, van a generar cambios igualmente en las panaderías más masivas, porque el consumidor va a buscar un producto distinto.

Lo que yo veo, en general, es que el consumidor está cambiando, cada vez hay más personas interesadas en saber qué comen, y por lo mismo van a preferir un producto que este bien hecho, que no sea artificial, que no tenga mejorantes ni aditivos, así como también hay cada vez más personas que prefieren comprar local, que se preocupan cada vez más de comprar directamente a quién hace el producto.

Comenzó hace cuatro años este viaje que, como dicen en Instagram, “se abre paso hacia tu mesa llevando aromas y texturas que buscan ser un arropo de invierno con sabor a verano”. Desde ese tiempo muchos ya acompañan a La Frø en ese camino. Gracias por esta conversación para Verónica Contreras Seitz, su socia fundadora, creadora y corazón de este lindo proyecto que trae prestigio al Bakery chileno.

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Instagram: @pan.lafro

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