Es una de las casas reposteras más antiguas de Santiago y una de las más reconocidas de Chile. Por décadas se ha reinventado, manteniendo tradiciones, y a la vez, entregando dosis de nuevas tendencias.
La familia Kurasz, de origen polaco, es el alma, la esencia y la energía que ha alimentado a este destacadísimo emprendimiento nacional. Por un breve tiempo este negocio originalmente fue dirigido por dos mujeres alemanas que llegaron a Chile. De ellas se heredó el nombre que evoca a la repostería europea, porque “Konditorei” en alemán significa literalmente “Pastelería”. Ellas lo abreviaron, con una oportuna visión comercial, dando origen a“Condi”.
El abuelo de nuestro entrevistado fundó el concepto, su padre lo impulsó a un nuevo siglo y ahora es Arturo Kurasz, actual Gerente de administración y finanzas, quien lleva el timón de la Pastelería Condi a una nueva etapa que está en construcción. Con él conversamos del pasado, el presente y el futuro para esta marca, que es tradición de repostería en Chile.
Ser parte de una familia de renombre en el Bakery es absorber una sensibilidad. ¿Cuál es el recuerdo que sientes que hoy define tu manera de entender el oficio?
Yo vengo de una familia pastelera; mi abuelo era pastelero, mi papá es pastelero… entonces, toda nuestra tradición ha estado siempre ligada a la repostería. Cuando era niño, iba a la casa de mis abuelos y todo giraba en torno a ese mundo: siempre estaban probando un postre distinto y, además, su hogar estaba directamente conectado con el Bakery. Era una vida profundamente entrelazada entre lo familiar y el oficio, donde la casa de mis abuelos se convertía en un verdadero punto de encuentro. Por eso, este recuerdo está íntimamente vinculado al trabajo pastelero.
En Condi, el secreto está en las manos. Cada preparación es artesanal y supervisada por nuestros maestros pasteleros, manteniendo la calidad y el sabor que nos caracteriza hace más de 80 años. Porque lo nuestro no es solo pastelería, es oficio y pasión — Instagram de Pastelería Condi
Más allá de los ingredientes, toda casa tradicional tiene un “secreto” no escrito. ¿Qué elemento intangible crees que ha sostenido a Condi a lo largo de las generaciones?
Para que Condi haya podido sostenerse durante casi noventa años, han sido fundamentales tres pilares. El primero es el respeto por el producto. Desde el inicio hemos mantenido una propuesta gastronómica de raíz centroeuropea, siempre dispuestos a adaptarnos cuando es necesario, pero sin perder esa esencia. Trabajamos con materia prima natural y evitamos el uso de premezclas o atajos que vayan en contra de esa filosofía.
El segundo pilar es el equipo. Hoy contamos con personas que llevan más de cuarenta años trabajando con nosotros, y eso habla de un compromiso poco común. Estoy convencido que, sin un buen equipo, esto simplemente no funciona y que el que tenemos hoy es sin exagerar, el activo más importante de Condi.
El tercer pilar es la atención al cliente. En este rubro no basta con vender una vez; lo importante es que las personas vuelvan. Tenemos clientes que nos visitan desde hace cincuenta o sesenta años, y eso solo es posible si existe una atención cercana, que entienda qué buscan, qué valoran y qué los hace regresar. En definitiva, es esa combinación —producto, equipo y clientes— la que ha permitido que Condi perdure en el tiempo. Sin personas que valoren lo que hacemos, simplemente no estaríamos cerca de cumplir noventa años.
Una de mis confiterías favoritas en Santiago. La visito desde hace más de 10 años en su antigua ubicación, pero este nuevo local se siente más sofisticado y mantiene la excelente calidad en sus dulces y comidas. La atención del personal es para destacar, todos atentos y muy amables. Tiene estacionamiento propio en el subsuelo, una gran ventaja en esa zona de Ñuñoa. Es mi punto de reunión con amigas para una buena charla de café — Analía Croci en Reseñas de Google Maps
La opción estratégica de mantenerse en Ñuñoa ha traído buenos frutos. ¿Nos cuentas a grandes rasgos el por qué se tomó esa medida?
La decisión de quedarnos en Ñuñoa está profundamente ligada a uno de los pilares de Condi: nuestros clientes. En algún momento evaluamos cambiarnos —primero de Irarrázaval a Capitán Orella, e incluso salir de la comuna—, pero no era algo con lo que nos sintiéramos cómodos. Para nosotros, era difícil pensar en cerrar un día y trasladarnos a otro lugar, dejando atrás a personas que nos han acompañado por décadas.
Muchos de nuestros clientes son del barrio y llevan más de sesenta años viniendo. Han confiado en nosotros para momentos importantes de sus vidas: cumpleaños, matrimonios, celebraciones familiares o simplemente una tarde compartida. Sentimos que movernos habría sido, de alguna manera, romper ese vínculo. Por eso entendemos que existe una responsabilidad: seguir estando presentes, mantener esa cercanía y acompañarlos en el tiempo.
Quienes estamos inmersos desde hace algunos años en el rubro del Bakery, y por supuesto sus habituales parroquianos, conocimos el antiguo edificio de dos pisos ubicado en plena Avenida Irarrázaval, con aquellas largas banderas verticales que le entregaban un estilo muy definido al local. Hoy encontramos un nuevo espacio, de modernas líneas, concebido como algo más que una cafetería y ubicado en una tranquila calle, a solo una cuadra de su enclave original (que facilitó mucho el circuito de desplazamiento). El diseño arquitectónico integra diversas terrazas, salones y áreas de encuentro, en una propuesta que busca preservar el espíritu del salón de té tradicional, pero reinterpretado a la luz de las dinámicas contemporáneas, al estilo Bakery Café.
Condi tiene clientes que probablemente han cruzado generaciones. ¿Qué has aprendido de ellos que no aparece en ningún manual de pastelería?
Es una pregunta que también me hago a menudo, y creo que la respuesta aparece en momentos bien concretos: cuando estoy en el salón y converso con clientes que llevan más de cincuenta años viniendo, que fueron clientes de mi abuelo y de mi papá, y que hoy conversan conmigo. En esas conversaciones siento un cariño especial por Condi. Entiendo que ese vínculo se ha construido en el tiempo, ya que hemos sido parte de momentos importantes de sus vidas. De algún modo, Condi ha acompañado lindas historias y ha pasado a formar parte de ellas.
Para mí, eso es algo invaluable y, al mismo tiempo, una responsabilidad. Me gustaría que ese cariño se mantenga en el tiempo, que las personas sigan volviendo porque aquí encuentran algo que les hace bien. Creo que, en gran medida, esa ha sido la razón por la que muchos clientes han permanecido con nosotros durante tantos años.
¿Sabías que en nuestros muros también se cuenta nuestra historia? Recetas manuscritas, antiguas cartas de menú, moldes, usleros de madera y fotografías que han acompañado a Condi a lo largo de más de 80 años. Cada rincón guarda parte de nuestra tradición familiar y el cariño con que seguimos haciendo pastelería artesanal hasta hoy. Te invitamos a descubrir esos detalles que hacen de Condi un lugar con alma.—Instagram de Pastelería Condi
Ser tercera generación puede ser tanto un impulso como una presión. ¿Cómo administras internamente el honrar la historia y construir una identidad propia?
Lo veo como una responsabilidad más que como una presión. Honrar la historia no significa mantener todo exactamente igual, sino entender qué valores hicieron posible llegar hasta aquí. Mi desafío es proteger esos principios mientras modernizo la empresa. Intento tomar decisiones pensando en que cada generación aporta algo distinto y que mi rol es sumar un nuevo capítulo a esta historia.
¿Hay alguna decisión —producto, formato o estrategia— que no haya resultado como esperaban, pero que hoy consideres clave en la evolución del negocio?
Más que una decisión específica, creo que una de las cosas más importantes que hemos aprendido en Condi es que muchas veces hay que equivocarse para llegar a un buen resultado. Es algo que mi padre me dice siempre: “ensayo y error».
Por ejemplo, cuando queremos lanzar un producto nuevo, hay que probar muchas veces antes de dar con la receta o el formato correcto. Lo mismo pasa con los procesos, la administración o cualquier otra área del negocio. No todo resulta a la primera, pero cada intento te deja un aprendizaje.
También hemos aprendido la importancia de mirar constantemente a nuestros clientes. Los gustos cambian y lo que era un éxito hace treinta años no necesariamente lo es hoy. Por eso tenemos que estar atentos a las nuevas preferencias y adaptarnos a esos cambios.
Creo que gran parte de la evolución de Condi ha venido de esa combinación: probar, aprender y tener la capacidad de ajustarse cuando es necesario, siempre manteniendo la esencia que nos caracteriza.
En un contexto actual donde conviven lo artesanal, lo saludable y lo estético, ¿Cómo decide Condi qué adoptar y qué dejar pasar?
Es un tema que vivimos constantemente. Si uno mira a Condi, se da cuenta de que gran parte de lo que hacemos sigue siendo artesanal. Hoy vemos cómo muchas preparaciones se han ido industrializando y cómo cada vez aparecen más productos artificiales para simplificar procesos.
Frente a eso, nuestra decisión ha sido mantenernos fieles a lo que somos. Creemos en el valor de hacer las cosas a mano, de respetar las recetas, el producto y la materia prima. Eso no significa cerrarnos a los cambios o a las nuevas tendencias, pero sí ser selectivos con lo que incorporamos.
Si una tendencia aporta valor real al cliente y es coherente con nuestra forma de trabajar, la evaluamos. Pero si nos obliga a sacrificar calidad, tradición o identidad, preferimos dejarla pasar. Al final, nuestro desafío es evolucionar sin perder aquello que ha hecho de Condi lo que es hoy.
El compromiso con la calidad se traduce, en este caso, en una elección consciente: trabajar exclusivamente con ingredientes naturales y de alto estándar, dejando fuera saborizantes y cualquier elemento artificial. Más que una decisión técnica, se trata de una postura editorial frente al oficio, donde lo auténtico y lo bien hecho no son negociables.
En esa lógica, el respeto por el producto, y por sus clientes, se convierte en un principio rector, una línea que no están dispuestos a cruzar. Lo artificial queda relegado, no por una tendencia pasajera, sino porque preservar lo artesanal constituye el núcleo de su identidad y el sello que buscan sostener en el tiempo.
Si la vitrina de Condi fuera una historia, ¿Qué capítulo está contando hoy y qué capítulo podría relatar en los próximos años?
Creo que hoy la vitrina de Condi cuenta una historia de equilibrio. Por un lado, refleja toda la tradición pastelera que hemos heredado durante generaciones, con recetas, técnicas y productos que forman parte de nuestra identidad. Por otro, muestra una empresa que sigue observando, aprendiendo e incorporando nuevas ideas para mantenerse vigente.
El capítulo que estamos escribiendo hoy habla de evolución sin perder las raíces. Habla de respetar nuestra historia, pero también de tener la inquietud de innovar y adaptarnos a los cambios que vienen.
Mirando hacia adelante, me gustaría que los próximos capítulos contaran la historia de una Condi que sigue creciendo, llegando a nuevas generaciones y explorando nuevas oportunidades, pero manteniendo siempre la misma esencia.
Pensando a largo plazo ¿Qué te gustaría que se mantuviera intacto y qué te parecería positivo que cambiara en Condi?
Me gustaría que se mantuviera intacta la esencia de Condi: la calidad, el prestigio construido a través de nuestras recetas, la cercanía con nuestros clientes y el compromiso con la tradición pastelera europea. Estos son pilares fundamentales de nuestra identidad y de lo que nuestros clientes valoran y reconocen en nosotros.
Al mismo tiempo, considero importante seguir evolucionando e innovando, incorporando nuevas tendencias de consumo y adaptándonos a los cambios del mercado. Creo que es posible avanzar sin perder nuestra esencia, permitiendo que Condi continúe creciendo y proyectándose de generación en generación.
El desafío está en combinar lo mejor de ambos mundos: preservar la tradición que distingue a Condi mientras impulsamos una visión moderna que asegure su desarrollo y permanencia a largo plazo.
Nos despedimos de nuestro entrevistado, Arturo Kurasz Suarez, agradeciendo su tiempo, su generosidad y la calidez con la que compartió la historia, la tradición que se ha ido tejiendo con paciencia, oficio, memoria y el presente de Condi. Afuera, la ciudad sigue su potente ritmo. Adentro, en cambio, permanece esa pausa dulce que invita, inevitablemente, a volver.
Acá están sus vitrinas digitales para quien desee disfrutar sus propuestas dulces y saladas:
Instagram: @pasteleriacondicl
Facebook: @pasteleriacondicl
Web: www.condi.cl
Crédito Foto Portada: Felipe Figueroa (En la imagen de izquierda a derecha: Arturo Kurasz Zajaczkowska y Arturo Kurasz Suárez)
























