La Dulce Fer enaltece el mundo de la Pastelería Vegana

«Comprueba que lo vegano es rico» es el dulce desafío de esta pastelería a pedido, ubicada en La Reina, que lejos de buscar un único público objetivo, se abre al paladar de otros mercados…

Nuestra entrevistada entiende que emprender no significa solamente crear algo que amas. También significa construir un negocio que pueda sostenerse en el tiempo. De este y otros temas conversaremos con el alma de este emprendimiento, Fernanda Stingl, creadora de La Dulce Fer.

¿Cómo surge La Dulce Fer y en qué momento decides transformar tu vínculo con la repostería en un emprendimiento de tanto sello personal?

Nace en una etapa bastante difícil. En el 2019 mientras estudiaba gastronomía, trabajaba como ayudante de cocina en un restaurant y fue una experiencia súper dura para mí. Aprendí algunas cosas pero me encontraba en un escenario en donde definitivamente no me veía el resto de mi vida. Me sentía frustrada y bastante perdida, y fue desde esa sensación que comenzó a aparecer esta idea de empezar a vender mis propios productos para poder tener mi platita también ¡jajajaja!

Empecé casi por casualidad preparando queques veganos para una conocida, respondiendo a la falta de opciones ricas en el mercado. El hito que lo cambió todo fue su torta de cumpleaños: tras doce intentos hasta dar con la receta perfecta, el resultado fue un éxito total. Para mí significó descubrir que podía disfrutar de lo dulce sin que me hiciera mal y romper con la idea de que la pastelería vegana es fome o sin sabor.

Pronto empezaron a llegar encargos de quienes la probaron. Lo que nació como un experimento creció a tal punto que decidí dar el salto, vencer el miedo y renunciar a mi trabajo como ayudante de cocina para dedicarme por completo a mi propio proyecto.

¿Qué tipo de pastelería quieres representar? ¿Hay una identidad que atraviese tus preparaciones?

Quiero transmitir una pastelería que sea sofisticada, pero cercana. Me gusta que un producto pueda verse elegante y cuidado, pero que al mismo tiempo genere ganas de probarlo.

Considero que La Dulce Fer tiene una identidad bastante marcada en lo visual, pero para mí la identidad no está solamente en los colores o en la estética. Está también en la experiencia: en los sabores, en los detalles, en cómo presento mis productos y en el cuidado que hay detrás. Y hay algo que para mí es fundamental: que exista una conexión emocional. No quiero que alguien compre solamente “una torta bonita”; quiero que sienta que está llevando algo especial a su hogar, a una celebración, o a algún evento. No que simplemente “haya una torta” o “traje galletas”, sino que “haya una torta de La Dulce Fer” o “traje galletas de La Dulce Fer”.

Cuando desarrollas un producto nuevo, ¿qué pesa más: tu propia creatividad, las tendencias, los ingredientes disponibles o lo que están pidiendo tus clientes?

Yo diría que todo lo mencionado se complementa al momento de desarrollar un producto nuevo. Me gusta sorprender con mi creatividad, pero también siempre está muy presente la necesidad de mis clientes. Desde ahí voy trazando un camino para llegar a un producto que sea único, con mi sello y manteniendo la identidad de La Dulce Fer. Porque hay veces que me piden cosas que se escapan un poco de lo que quiero transmitir como pastelería; productos más bien delicados, elegantes, ricos y visualmente agradables. Entonces ahí también es importante poder ir guiando y educando en ver qué opciones son las que más se acercan a lo que el cliente necesite y a mi estilo de trabajo.

Tengo la fortuna de haber logrado llegar al público correcto en ese sentido, donde valoran y entienden mucho mi labor. Me encanta cuando me dicen: “¡Ah! Esto me da muchas vibras a La Dulce Fer” y me muestran un pastel o postre o cualquier dulce realmente hermoso y muy apetitoso y delicado, que yo lo veo y digo: qué fortuna saber que eso transmito con mis pasteles.

«Solo espero y quiero con todo mi corazón que este proyecto siga creciendo y perdurando en el tiempo, quiero esto para mí, no quiero nunca dejar de aprender ni desligarme de esto porque hoy puedo decir que es una de las cosas que más me apasiona; entregar amor y cariño a través de mis productos me da felicidad» — Instagram de La Dulce Fer

En pastelería, el equilibrio entre sabor, textura y apariencia puede ser complejo. ¿Qué aspectos consideras necesarios para que un producto lleve el sello de La Dulce Fer?

Hay tres cosas que para mí son irrenunciables: calidad, sabor y detalle. La apariencia importa muchísimo, porque la primera experiencia con un producto también es visual. Pero nunca quiero que algo sea solo bonito. De nada sirve que una preparación se vea increíble pero al probarla sea algo no grato al paladar. Hay algo claro: en gustos no hay nada escrito, es algo súper subjetivo, pero considero que en la pastelería sí existen algunos parámetros que ayudan a discernir entre algo apetitoso y algo no tanto. Soy muy exigente con las texturas y con el equilibrio de los sabores.

Y quizás lo más importante: que se note que fue hecho con dedicación. Para mí, el sello de La Dulce Fer está en ese cuidado que no siempre se puede explicar, pero que sí se puede sentir y experimentar al consumir alguna de mis creaciones.

Coméntanos tu modo de venta y la logística que has debido implementar para las entregas.

Hay varias ventas a través de mi página web, pero en este último tiempo La Dulce Fer ha funcionado principalmente por Instagram, lo que me ha permitido tener una relación bastante directa y cercana con mis clientes. Muchas veces una venta comienza con una conversación, una recomendación o alguien que llega porque otra persona recomendó mi trabajo, y detrás de algo que parece tan simple como “hacer un pedido” hay mucha planificación: verificar disponibilidad, horarios, packaging, una adecuada conservación y traslado del producto. Aunque por lo general el cliente opta más por venir a retirar a mi taller, de todas maneras trabajo con una empresa externa de despachos. Antes los hacía yo, pero cuando La Dulce Fer empezó a crecer cada vez más, debía priorizar mi tiempo de trabajo y producción antes que usar ese tiempo en despachar.

Con el tiempo, nuestra entrevistada también descubrió que la logística es parte de la experiencia de marca. Por eso, ha ido afinando cada proceso, entendiendo que cuidar al cliente no termina cuando el producto sale del taller, sino cuando llega a sus manos y la experiencia está a la altura de lo que esperaba.

¿Cómo ha cambiado el cliente de pastelería en los últimos años? ¿Notas mayor interés por ingredientes, porciones, presentación, productos personalizados o propuestas más sofisticadas?

Han llegado muchos nuevos clientes como también han permanecido mis clientes de hace ya más tiempo, pero hay algo que todos tienen en común actualmente y me encanta que así sea; y es que hoy ellos sí muestran un mayor interés por los ingredientes que uso. Siempre, desde que comencé en este mundo de la pastelería y el emprendimiento, mi foco ha sido crear y trabajar con ingredientes de calidad, entonces en ese sentido ya estaba resguardada de hace mucho tiempo, solo que ahora el cliente lo valora mucho más, y es más consciente de lo que lleva a su cuerpo, priorizando un producto de calidad y con ingredientes más naturales, más que algo comercial que puedes encontrar en un supermercado con ingredientes ultra procesados y llenos de conservantes artificiales.

Para nuestra entrevistada, buena parte del trabajo de la pastelería ocurre lejos de la vista del cliente. Antes que un producto llegue al mostrador hay horas de pruebas, ajustes de recetas, búsqueda de texturas, elección de ingredientes, cálculo de costos y, muchas veces, la necesidad de volver a empezar. Por eso, sostiene que detrás del “hecho con amor” también hay técnica, conocimiento, estudio y esfuerzo. Reconocer ese trabajo invisible es una forma de valorar y dignificar la pastelería como profesión. “Hoy existen herramientas muy útiles para nosotros los emprendedores para mostrarnos, como por ejemplo haciendo reels y subiendo historias a Instagram mostrando también la parte más dura y técnica. Es mi responsabilidad como emprendedora también visibilizar la parte más sacrificada de lo que significa llevar un negocio propio”, recalca Fernanda.

Emprender también significa administrar costos, tiempos, producción y expectativas. ¿Cuál ha sido el principal aprendizaje empresarial que te ha dejado La Dulce Fer?

Probablemente, aprender que trabajar mucho no necesariamente significa trabajar bien. Cuando uno emprende desde la pasión, es muy fácil querer hacerlo todo: producir, responder mensajes, comprar ingredientes, sacar fotos, publicar, coordinar entregas, llevar las cuentas… y terminar realmente agotada. La Dulce Fer me ha enseñado a mirar mi trabajo también desde el lado empresarial: entender mis costos reales, valorar mí tiempo, aprender a poner límites, organizar la producción y tomar decisiones pensando en la sostenibilidad del proyecto y no solamente en vender.

Mirando hacia adelante, ¿qué te gustaría que fuera La Dulce Fer en los próximos años y qué nuevos caminos te gustaría explorar dentro de la pastelería?

Mi sueño es que La Dulce Fer siga creciendo sin perder su esencia: la cercanía, la curiosidad y el amor por la pastelería. Más allá de un producto en puntual, quiero que se reconozca como una marca con identidad propia, valorada por su calidad y por la experiencia que entrega; que represente una forma particular de entender este oficio.

En lo personal, quiero seguir aprendiendo, perfeccionando técnicas y explorando nuevos sabores e ideas. La Dulce Fer y yo somos una sola, así que hacer crecer la marca es también un compromiso conmigo misma para hacerla evolucionar a la par de mi propio aprendizaje.

La Dulce Fer es todo esto y es lo que quiere aportar como persona y pastelera: bienestar, sabores de calidad y disfrute consciente y real para sus clientes; “Es muy lindo saber que tantas personas confían en mí y en mi trabajo para sus momentos especiales. Es un honor y también un gran desafío porque en este mundo de la pastelería vegana, que ha ido avanzando cada vez más rápido, dejas de estudiar un segundo y ya te quedas atrás. Es importante mantenerse actualizado en esta área, hay mucha ciencia, prueba y error detrás de un pastel”.

Fue un dulce gusto conocer a Fernanda Stingl. Desde aquí valoramos enormemente su contribución al rubro del bakery local: su creatividad, el respeto por la labor repostera y la dedicación en cada detalle enaltecen este oficio que tanto nos apasiona.

Medios de contacto y seguimiento:
Instagram: @ladulce.fer
Web: www.ladulcefer.cl

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