Abrir un café, una sanguchería o una pizzería quizá hoy sea algo menos engorroso de realizar; las recetas circulan, las máquinas son accesibles y la clientela siempre busca un buen lugar…
Sin embargo, lo evidentemente complejo es sostener un negocio en el tiempo y lograr que los clientes no solo entren una vez, sino que regresen, recomienden y se identifiquen con la marca porque el mercado gastronómico está saturado de propuestas que compiten por lo mismo: buen sabor, rapidez, precios atractivos. Pero en un entorno así debemos preguntarnos como emprendedores, ¿qué puede diferenciar realmente a mi local? La respuesta no siempre está en el producto, sino en la historia y el propósito que hay detrás. Y aquí entra en juego el modelo de marketing desarrollado hace ya unos quince años por el escritor y motivador de origen inglés Simon Sinek: el Círculo Dorado.
Como lo explica una las fuentes que consulté para la redacción de esta Columna de Expertos, «Él explicaba que las empresas y personas más exitosas de la historia no eran simplemente exitosas debido a los factores comunes que conceptualizamos, tales como: El capital de la empresa, el mercado, o el apoyo de la prensa. Sino que estas empresas y personas exitosas se movían en base a significados y creencias que inspiraban a las personas».
Tres preguntas, un cambio de perspectiva
El concepto de marketing conocido como Círculo Dorado se basa en tres niveles concéntricos de comunicación que responde a tres pregunta vitales para el leit motiv (Guía–Motivo) de un negocio, de cualquiera: qué, cómo y por qué.
• ¿Qué?: Los productos o servicios que se ofrecen al consumidor final.
• ¿Cómo?: Los procesos, métodos o valores que definen la forma de entregar ese producto.
• ¿Por qué?: El propósito que inspira al negocio, su razón de ser más allá de lo económico.
La mayoría de las empresas comunica en el orden equivocado: empiezan por lo que venden y terminan —si acaso— mencionando cómo lo hacen. El problema es que, de esa manera, no generan un lazo emocional con el cliente. Por el contrario, cuando se comienza por el por qué, se despierta interés y lealtad. Las personas no se enamoran de un café en particular; se enamoran de lo que ese café representa.
Aplicación en una cafetería
Una cafetería que se limite a decir “vendemos café de especialidad” será una más en la lista. En cambio, si transmite un propósito como: “Queremos que cada taza sea una invitación a detenerse y reconectar con uno mismo en medio de la rutina”, el mensaje cambia radicalmente. El cliente ya no percibe solo una bebida, sino un espacio con identidad propia. Ese propósito puede reflejarse en la música del lugar, la decoración acogedora, la forma en que se conversa con los clientes y hasta en el diseño de las tazas.
Aplicación en una sanguchería
En una sanguchería, el Círculo Dorado puede marcar un enfoque cultural. Un ejemplo sería: “Creemos que un sándwich no es solo comida rápida, sino una forma de contar historias a través de los ingredientes”. Desde esa visión, la elección de insumos locales, la combinación de recetas tradicionales con toques modernos y la comunicación en redes sociales adquieren coherencia. El público percibe que no está comprando un simple pan relleno, sino una experiencia gastronómica que celebra la identidad culinaria del lugar.
Aplicación en una pizzería
El caso de una pizzería es especialmente interesante porque venden uno de los alimentos más universales y compartidos en grupo. Si el propósito es: “Queremos que la pizza sea el pretexto perfecto para reunir a las personas y celebrar lo cotidiano”, entonces cada detalle —desde mesas largas para compartir, hasta promociones pensadas para grupos de amigos o familias— responde a ese “por qué”. La pizza deja de ser una transacción individual y se convierte en un símbolo de encuentro.
De la teoría a la práctica
Implementar el Círculo Dorado no significa llenar el local de frases inspiradoras. El reto está en traducir ese propósito en acciones concretas y consistentes.
La comunicación debe reflejar siempre el por qué: redes sociales, menús, publicidad y trato directo. La experiencia de cliente debe ser coherente: desde cómo se recibe a alguien en la puerta, hasta cómo se despide. La cultura interna también importa: los trabajadores deben sentirse parte de un propósito mayor, no solo empleados detrás de un mostrador.
Un negocio que define claramente su porqué no solo atrae clientes, también motiva a su equipo y genera orgullo de pertenencia. Esa coherencia es percibida, aunque no se exprese explícitamente.
La ventaja competitiva del propósito
Hoy, a esta hora, en cualquier esquina de Chile, la competencia ya no está entre quién prepara el mejor café o la pizza más sabrosa, sino entre quién logra conectar de forma auténtica con sus clientes. El sabor y la calidad son la base, pero el propósito es lo que genera recordación y fidelidad.
Las recetas pueden copiarse, los insumos pueden conseguirse en distintos proveedores y hasta los precios pueden imitarse. Lo único que no puede duplicarse es la identidad y el propósito que cada negocio decide transmitir. Esa es la verdadera ventaja competitiva.
En definitiva, el Círculo Dorado no es un esquema teórico más, sino una guía práctica para transformar cafeterías, sangucherías y pizzerías en marcas con alma. Porque al final del día, los clientes no recuerdan únicamente lo que comieron, sino cómo se sintieron en ese lugar. Y esa emoción, bien trabajada, se convierte en el mejor ingrediente de todos.
Hablar de factores externos como la ubicación del local, su seguridad diurna o nocturna o si está el barrio circundante en procesos migratorios o de otra índole son materias que salen de esta ecuación y que deben ser abordadas de otra manera y quizá por otros actores. Nuestra labor de asesoría en este caso tiene un límite. Espero que cualquier externalidad que se está afrontando por parte de los emprendimientos que siguen a Redbakery se haga de modo de no alterar la sana convivencia y considerando todos los aspectos legales.
Fuentes Consultadas:
Dizalo
CEREM Global Business School
L´Image Marketing
