Localizados en Bajos de Mena en Puente Alto, este emprendimiento familiar quiebra prejuicios, instalando productos de alto perfil a buen precio en un sector habitualmente postergado.
Porque tienen el capacidad y el aptitud para instalar una propuesta que mezcla con talento una cafetería – pizzería – panadería y repostería en cualquier sector de Chile, sin embargo decidieron entregar su arte y su sabor para los consumidores que habitualmente han estado postergados de productos del Bakery de perfil premium sin una real razón que lo justifique. ¿Quién nos contará acerca de Emanuel Culinaria? Jacob Pinilla, uno de sus dueños. Su mano derecha es nada menos que su padre, quien exhibe una destacada trayectoria como pastelero. Ambos, con mucha fe y perfil visionario decidieron ampliar la oferta del Bakery en esta comuna.
¿Cómo describen la propuesta de valor de sus productos —de estilo gourmet— en una comunidad donde todavía no es común consumirlos?
Primero que todo, atrevida. ¿Y por qué respondo atrevida? Porque todavía, hasta el día de hoy, notamos algo curioso: mucha gente sigue sin encontrar con claridad la diferencia entre lo que significa calidad y lo que significa precio. Es como si ambos conceptos se mezclaran en la mente, como si costara separar uno del otro. Y claro, ahí está lo interesante: cuando no se logra distinguir esa brecha, se termina evaluando un producto solo por cuánto cuesta, sin detenerse a pensar en lo que realmente entrega.
Siempre me preguntan; “ya, pero una torta de chocolate, ¿por qué tiene el valor tuyo a diferencia que tienen sectores mucho más baratos?” Y yo les respondo; “por la calidad del producto”. Entonces, ahí entra el sentido de por qué el valor agregado al mercado, que le damos nosotros es culturizar un poco a la gente. ¿Cuál es la diferencia entre un sucedáneo y un producto real? En este caso, el chocolate o la mantequilla. En todas las galletas que nosotros elaboramos, ocupamos mantequilla, no utilizamos una premezcla. Entonces, ahí entra el valor agregado en su máxima expresión, en poder culturizar a la gente en el proceso de los productos con la materia prima.
¿Qué estrategias usan para que los vecinos del sector perciban su oferta como accesible sin perder su imagen de alta calidad?
Partimos vendiendo productos económicos. Sacrificamos un poquito el costo de ganancia, para que la gente pudiera entender el concepto. Ahora bien, luego debimos subir un poco los precios a los que teníamos antes, por efectos de la inflación de muchos productos, como los que han registrado el chocolate y la mantequilla, pero siempre tratando de mantener precios justos.
«La cocina es un oficio democrático: cualquiera puede aprender, crecer y transformar su vida a través de ella. La panadería no es solo hacer pan, es respeto a la cocina, a los ingredientes y a quienes disfrutan lo que creamos. Cuando ponemos corazón y valores en nuestro trabajo, el oficio se vuelve más que rentable: se convierte en una forma de dignidad y futuro”.
Instagram de Emanuel Culinaria.
¿Han recibido retroalimentación de clientes del barrio y cómo la utilizan para ajustar el catálogo?
Nos expresan que vamos por buen camino, que están dispuestos a probar cosas nuevas. No se trata simplemente de vender por vender. Por ejemplo, en lugar de hacer una pizza tradicional con queso, nos atrevemos a reemplazarlo con una crema de berenjena mezclada con una crema de zapallo camote. Y lo interesante es que la reacción de nuestros clientes ha sido muy positiva: les gusta la propuesta, valoran que no sea lo mismo de siempre.
También pasa que algunos nos piden productos que ya venden otros locales del barrio, como queques o berlines. Pero siempre respondo: “para eso ya hay muchas pastelerías en el sector”. Nuestra idea es diferente, queremos ofrecer alternativas que no encuentres en cualquier vitrina. Por eso pensamos en postres clásicos pero un poco más elegantes; crème brûlée, pannacotta, tiramisú o un mousse de chocolate. La idea es salirnos de lo común, no repetir lo que ya existe.
Lo mismo ocurre con la panadería. Tenemos panes tradicionales chilenos como la hallulla o el amasado, pero no los presentamos de la manera típica. Les damos un giro: trabajamos con harina semi integral, con harina de centeno y además usamos masa madre. Ese pequeño cambio transforma un pan de toda la vida en algo distinto, con un sabor más profundo y una textura diferente. Y lo mejor es que a los clientes les encanta, lo notan de inmediato y lo comentan. Están muy abiertos a recibir propuestas nuevas, y eso nos motiva a seguir innovando.
Y al mismo tiempo han abierto espacios impensados. Por ejemplo la democratización de actividades como el maridaje de sus ricas pizzas y pastelería fina con importantes marcas de whiskys que están interesadas en unir sus perfiles comerciales con esta disruptiva propuesta culinaria en Bajos de Mena. También lo han realizado con marcas tradicionales y de alto prestigio local como la Viña Concha y Toro. A esto se suman otras activaciones, como el Club de Lectura y un reciente encuentro con personalidades destacadas de la cocina chilena.
«En el corazón de Bajos de Mena, donde cada calle cuenta una historia de esfuerzo y resiliencia, existe un lugar que rompe esquemas, desafiando la idea de que lo gourmet es sólo para algunos. La filosofía de Cafetería Emanuel es una sola: el buen sabor no es un privilegio, sino un derecho. Aquí, las pizzas de masa madre, el café de grano y los postres de autor se alzan como bandera de que el buen comer no debería tener ni dirección ni apellido».
Instagram de la Ilustre Municipalidad de Puente Alto.
¿Cómo comunican el origen y calidad de los ingredientes que utilizan sin sonar elitistas o fuera de contexto para la zona?
Algo que nos llamó mucho la atención cuando recién partimos fue darnos cuenta de que la gente nos decía: “Yo trabajo en comunas como Vitacura, Las Condes, Providencia o Lo Barnechea. Paso seguido por fuera de locales preciosos, imponentes, pero no me atrevo a entrar a comprar productos de esa misma calidad”.
Cuando se dio ese acercamiento con nosotros, en su propio contexto y zona de confort, muchos después me comentaban: “Me atreví a entrar a esa cafetería por la que siempre pasaba camino al trabajo y de regreso, y ¿sabes qué? La calidad es la misma. Tus galletas son tan buenas como las de allá. Incluso conozco gente que vive en esos sectores, que suele ir a esos locales, y también dice que no hay mayor diferencia. Lo que tú dices sobre usar mantequilla y buenos insumos no es solo marketing, es real”.
Esa experiencia nos confirma hacia dónde queremos apuntar: tanto a quienes ya están acostumbrados a estos productos como a quienes no, invitándolos a perder el miedo a nuevas experiencias. Queremos demostrar que no porque un local se vea muy imponente por fuera significa que uno no pueda disfrutar productos de la misma calidad. Al contrario, buscamos que la gente se atreva a conocer este mundo gastronómico también desde un barrio popular.
¿Nos hablas acerca de tu relación con tus proveedores?
Contamos con tres proveedores en particular con los que tengo un diálogo más fluido, ya que los otros son cadenas grandes y no hay mayor diálogo que no sea el preciso de pedir y retirar o comprar. Con quienes tengo más cercanía es con los proveedores de insumos para la pastelería. En el caso de los envases, ya sean de cartón o de plástico, trabajamos con un emprendedor de la zona llamado Ecoplas. A él le compro todas las cajas para delivery y también las cremas. Tenemos una muy buena relación, y cuando vieron todo lo que pasó después de la controversia, se sintieron súper orgullosos de poder estar apoyándonos. El otro proveedor es de frutos secos, que consigo buenos precios al comprar mayor, cantidad. Y el otro es la harina, que se lo compro también a un chico que compra por mayor a estas empresas grandes y él las vende casi al mismo precio. Así que esos dos y el otro ya son empresas que son como el Albi o el Jumbo cuando necesito comprar cosas muy específicas.
Finalmente, cuéntame sobre tus sueños futuros para la Cafetería Emanuel…
Nuestros planes a futuro van más allá de la gastronomía. Queremos que Emmanuel Culinaria sea recordado no solo como una cafetería, sino también como un espacio artístico y comunitario en Bajos de Mena. Aquí realizamos actividades culturales como clubes de lectura y cuentacuentos, lo que ha sido muy bien recibido: la gente viene a comprar pan y se encuentra, por ejemplo, con una obra o una narración en el salón, y eso genera una experiencia distinta y enriquecedora.
Al mismo tiempo, buscamos crecer en lo culinario. Nuestro objetivo es levantar, desde estos barrios, una propuesta de alta cocina accesible y sostenible, que demuestre que con lo que tenemos podemos crear platos competitivos sin perder cercanía.
Esperamos de todo corazón, que la gastronomía social, que tan bien están representando, siga siendo el motor de Emanuel Culinaria y el canalizador de la fuerza de una comunidad que crece compartiendo pan y sueños. Nos despedimos de Jacob con una potente frase que publicaron en su cuenta de redes sociales hace unos pocos meses atrás; «Basta de estigmatizar lo que no se quiere entender. El barrio no es menos. Es solo que nadie lo estaba mirando».
Emanuel Culinaria está localizada en Estación Los Muermos 3194, sector Bajos de Mena en Puente Alto. Le invitamos a seguirlos en Redes sociales:
Instagram: @emanuel.culinaria























