El Próximo Escalón para el Bakery en Chile

En nuestro país somos poco “disfrutadores” de lo que nos gusta. En específico; no hacemos del consumo de lo que preferimos un instante especial, de reflexión y conexión.

En Chile comemos pan como si fuera un reflejo involuntario. Somos, junto con Turquía, uno de los países que más pan consume per cápita en el planeta: alrededor de 90 kilos al año por persona, según cifras oficiales de la FAO. Pero, paradójicamente, pocas veces disfrutamos ese pan. Lo ingerimos entre reuniones, lo tostamos con prisa, lo acompañamos con té o café sin pensar demasiado en lo que ese momento significa. Nos falta el rito. Nos falta el disfrute consciente.

Y esta meditación en la que he estado los últimos días nace leyendo esto: “Un pequeño local en Dalworthington Gardens, Texas, se ha convertido en un fenómeno viral. Su nombre es Pan Pan Bakery y su propuesta va mucho más allá de la repostería: fusiona dos tradiciones milenarias, la mexicana y la japonesa, en un espacio donde el pan, la cultura y la identidad migrante se entrelazan con naturalidad”. Convengamos en el Chile no tenemos tradiciones milenarias en cuanto al consumo de alimentos, pero si somos archiconocidos por el alto consumo de pan y té en América latina. Como mercado, ¿nos estamos haciendo cargo de eso?

La dueña de este emprendimiento es de origen mexicano, que vive en Estados Unidos, pero que ha realizado una conexión con la tradición del Japón para poner en valor lo que vende y al mismo tiempo “alimentarse” de sus propios gustos personales para crear una experiencia de consumo nueva que pueda ser valorada por sus clientes. Hablamos de un cruce de tres culturas muy distintas, que pueden confluir. Un detalle no menor, la fundadora de Pan Pan Bakery es una joven de solamente 21 años. Su historia pone sobre la mesa un desafío: ¿qué estamos haciendo con nuestra relación con la panadería y el consumo de té o café?

En nuestro país, donde los panes más tradicionales —la marraqueta, la hallulla, el pan amasado— conviven con nuevas tendencias como el pan de masa madre o los panes sin gluten, pareciera que el mercado se enfoca más en la cantidad que en la experiencia. Hay panaderías artesanales que intentan dar ese salto, es cierto: espacios donde se hornea a la vista del público, donde se habla de fermentación lenta, de harinas integrales o de levaduras naturales. Pero aún no hemos dado el salto cultural que implica dotar de significado al acto de comer pan. No se trata de sacralizar de algún modo el consumo, porque la “ceremonia del té japonesa” es ajena a nuestra cultura pero sí podemos dotar ese momento de un distintivo diferente. La tendencia del Bakery Café de la que hemos hablado bastante en este portal informativo podría ser una buena opción para nosotros como comunidad acá en Chile.

Respecto al consumo de té en nuestro país quiero destacar este párrafo de una de las fuentes consultadas para la generación de esta columna; “El enfoque al momento de emprender puede estar orientado a introducir este tipo de productos con sabores típicos de Chile como cítricos, papayas, hierbas aromáticas y a incorporar innovación puede generar oportunidades para empresarios que ofrezcan calidad, experiencia, diseño y una narrativa distinta, pero se tiene que considerar como pilar las características, gustos e idiosincrasia del chileno en torno a esta bebida”.

El caso de Pan Pan Bakery es un espejo interesante. Su creadora no solo vende un producto; vende una historia, un cruce de mundos, una emoción compartida entre quienes buscan reconectar con sus raíces y quienes desean explorar algo distinto. En su local, los clientes no solo compran una concha o un mochi-pan: se sientan, conversan, se detienen. Esa pausa es la que da valor.

En Chile, quizás el próximo escalón del Bakery no pase por innovar en la receta, sino en la percepción del cliente. No se trata de imitar, sino de entender que el consumo moderno exige algo más que saciar el hambre: exige sentido.

El pan puede seguir siendo ese alimento cotidiano, pero también puede ser una vía de reconexión cultural, de conversación, de pausa. Porque si “el tiempo es dinero”, como solemos repetir, también deberíamos recordar que el tiempo es vida. Y dedicarle unos minutos conscientes a lo que comemos puede ser, en tiempos de apuro, un pequeño acto de resistencia.

En lo personal, y como equipo, estamos muy agradecidos por las miles de lecturas en línea y la atención que nos brindan en nuestras redes sociales. Los espero nuevamente en noviembre, en esta misma columna digital de opinión. ¡Hasta muy pronto!

Fuentes Consultadas:
Diario El País
Té Supremo
Radio Lautaro

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