Chile Necesita más Galletas de Navidad

Es una tendencia muy extendida en occidente durante el fin de año. La variedad va mucho más allá de las conocidas “Galletas de Jengibre” que en nuestro país se popularizaron recientemente.

¡La Navidad huele a galletas! Hay un momento del año en que algunas casas tienen un aroma diferente. No es solo canela o nuez moscada. No es solo mantequilla o glaseado. Es algo más emocional: el aroma de las galletas de Navidad. En distintos rincones del mundo occidental, esa mezcla de azúcar, especias y tradición se convierte en lenguaje común. Y aunque cada mercado la vive a su manera, todos coinciden en una cosa: la galleta navideña no es solo un producto; es un rito que no está amarrado a una religiosidad en especial y cuya elaboración se intenta compartir en familia.

En este reporte revisaremos las realidades de algunos sectores del mundo. Abrochémonos los cinturones porque este viaje es rápido y lleno de sabor…

Estados Unidos: el país donde las galletas cuentan historias

En USA, la Navidad prácticamente empieza cuando aparece la primera bandeja de gingerbread cookies. Esas galletas de jengibre con forma de muñeco, que miran desde la mesa como si tuvieran personalidad propia, son quizá el símbolo más reconocible. Pero no están solas.

Ahí están también las “sugar cookies” decoradas con glaseado brillante, los árboles de Navidad hechos en masa dulce, las estrellas cubiertas de sprinkles, los clásicos snickerdoodles, suaves y perfumados a canela, y las galletas de mantequilla que casi se derriten en la boca.

Lo interesante, lo distintivo, lo diferente, es que en Estados Unidos la galleta no vive solo en la vitrina: vive en la experiencia. Familias compran kits para decorar, supermercados venden masas listas para hornear, las marcas lanzan ediciones limitadas y se instala una cultura muy potente del “hagámoslo juntos”, que acá en Chile es apenas insipiente. Allá la galleta es parte del guion emocional de la Navidad y también de una industria altamente desarrollada.

Europa: donde cada galleta trae una historia de siglos

En Europa, la galleta de Navidad es un “artículo” más solemne, más ligado a la memoria, a tiempos medievales incluso. No es simplemente un dulce de temporada: es una potente herencia cultural que imprime realidades.

En Alemania, por ejemplo, la Navidad sabe a Lebkuchen, galletas profundas, especiadas, con miel y notas que recuerdan a mercado navideño. Conviven con los Spekulatius, finas y aromáticas, con ese toque de clavo, canela y nuez moscada que las hace inconfundibles. Y están las Pfeffernüsse, pequeñas, redondas, cubiertas de azúcar glas, intensas y fragantes.

En el norte de Europa las recetas son más sobrias pero muy elegantes: masas delgadas, bien aromatizadas, con una estética simple pero cálida. Mientras que hacia el Mediterráneo aparecen sabores a mantequilla, almendra, miel, frutos secos y ligeros matices cítricos.

Europa es tradición, pero también sofisticación. El consumidor europeo valora el origen, la autenticidad, la fidelidad a la receta original. Aquí, cada galleta es memoria comestible.

América Latina: adopción, creatividad y sabor propio

Nuestra región llegó a la galleta navideña desde la influencia extranjera, pero no tardó en asimilarla. Latinoamérica, como suele hacer, tomó una tradición ajena y la volvió cercana, emocional, cálida. No es una tradición nacida en la región, pero hoy es parte del paisaje festivo. En países como Chile, Argentina, Perú, Colombia o México, las galletas navideñas han ido ganando espacio en pastelerías, supermercados y mesas familiares. Conviven las clásicas galletas de jengibre con estrellas de mantequilla, surtidos al estilo europeo, latas metálicas decoradas, cajas premium y propuestas artesanales cada vez mejor desarrolladas.

En muchos hogares se preparan en familia, copiando la experiencia estadounidense. En otros, se compran como detalle de regalo, como gesto de cariño, como símbolo de reunión. En el retail, la categoría crece: más formatos, más decoración, más storytelling navideño.

Repasemos antes de terminar este reporte; Estados Unidos celebra la experiencia y el espectáculo. Europa honra la herencia y la precisión. América Latina abraza, adopta y reinterpreta. Pero todos se encuentran en un punto común: la emoción.

Porque cuando llega diciembre, no importa el idioma, la latitud ni el mercado: siempre habrá una bandeja de galletas sobre la mesa, alguien recordando su infancia, y ese aroma inconfundible que marca, con absoluta claridad, que la Navidad está en el aire.

Fuentes:
Azteca Morelos
National Geographic
Turimar

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