En el mundo de la panadería, pocos logran lo que genera este producto español: transformar la humildad de un pan de ayer en un objeto de indulgencia que atraviesa siglos.
Las torrijas, ese dulce sencillo y delicioso de pan empapado en leche o vino, tienen una historia que se remonta al Imperio Romano y se afianzó en la España del siglo XV. Nacidas de la necesidad y la tradición, fueron recomendadas para recuperar fuerzas y se convirtieron en el postre estrella de la Semana Santa. Hoy, este bocado humilde sigue conquistando paladares, desde las cocinas caseras hasta la alta repostería.
Aunque para muchos es el postre insignia de la Cuaresma y la Semana Santa española, su historia es un viaje de resistencia y creatividad que hoy resuena con fuerza en los obradores de Sudamérica.
Un legado que viene de Roma
La esencia de la torrija no es nueva. Ya en el Imperio Romano, el recetario de Apicio mencionaba el “aliter dulcia”, un pan mojado en leche y frito en aceite. Sin embargo, fue en la España del siglo XV donde tomó su identidad actual.
Curiosamente, antes de ser un postre festivo, las torrijas eran consideradas un alimento funcional. Se recomendaban a las madres tras el parto para recuperar fuerzas y, debido a su alto valor calórico y bajo costo, se convirtieron en el sustento ideal para los días de abstinencia de carne. Era la cocina del aprovechamiento llevada a su máxima expresión: aquí no se tira nada.
La magia de la torrija reside en su sencillez, pero su éxito depende de la técnica. El proceso es un ritual de texturas:
• El Pan: Tradicionalmente de miga densa para resistir la humedad sin desmoronarse.
• La Infusión: Leche (o vino) aromatizada con canela, piel de cítricos y azúcar, que penetra en el corazón del pan.
• El Sellado: Un paso por huevo batido y una fritura precisa que crea esa costra dorada que protege un interior cremoso.
Como nos dice NatGEO; “La torrija nos recuerda que la panadería es, ante todo, memoria y transformación. Es un postre que apela a la nostalgia pero que permite una innovación infinita. Para el panadero artesanal, es la oportunidad perfecta para demostrar que con harina, leche y tiempo, se puede crear una joya gastronómica que sigue conquistando paladares siglos después”.
Fuentes:
National Geografic en Español
Canal Senior
Qué Rica Vida
