La renovación 2026 de este cuerpo legal marca un nuevo estándar en Latinoamérica, con modificaciones que aumentan el nivel de exigencias en etiquetado, inocuidad y formulación.
Así pone en contexto el portal especializado The Food Tech; “El Reglamento Sanitario de los Alimentos (RSA), establecido mediante el Decreto Supremo N.º 977/96 del Ministerio de Salud de Chile, constituye uno de los marcos regulatorios más robustos de América Latina en materia de inocuidad, calidad y control de alimentos. Desde su publicación en 1997, este instrumento ha evolucionado de manera continua para responder a los avances científicos, los cambios en los patrones de consumo y las exigencias del comercio internacional”.
Desde definiciones más exactas sobre identidad alimentaria hasta nuevas reglas de rotulado y fortificación, el enfoque apunta a mayor transparencia y protección al consumidor. Para la industria, el impacto va más allá del cumplimiento, ya que implica rediseño de empaques, ajustes en procesos y una trazabilidad más robusta en toda la cadena.
Las recientes actualizaciones de este estatuto sanitario no llegaron con estruendo. No hubo titulares masivos ni debates en la sobremesa. Pero en el mundo del Bakery, el cambio se siente. Y se siente, sobre todo, en los detalles; anotar temperaturas, documentar procesos. Identificar riesgos. La intuición ya no basta por sí sola. Ahora debe convivir con planillas, protocolos y trazabilidad. No es que la técnica haya perdido valor; al contrario. Lo que cambia es que debe ser demostrable. Repetible. Auditada.
De acuerdo al Artículo 1 de este decreto así puede resumirse su objetivo: «Este reglamento establece las condiciones sanitarias a que deberá ceñirse la producción, importación, elaboración, envase, almacenamiento, distribución y venta de alimentos para uso humano, así como las condiciones en que deberá efectuarse la publicidad de los mismos, con el objeto de proteger la salud y nutrición de la población y garantizar el suministro de productos sanos e inocuos».
El etiquetado, por ejemplo, deja de ser un trámite. Cada producto envasado debe contar su historia con mayor precisión: de dónde viene, cómo fue procesado, qué contiene exactamente. En vitrinas donde antes bastaba una descripción sugerente —“tarta casera”, “pan artesanal”— hoy comienza a asomarse un lenguaje más específico, más transparente, más regulado.
Revisemos las tres principales áreas de influencia para el Bakery;
• Reingeniería de procesos y formulación: La fortificación con Vitamina D3 obliga a molinos y plantas lácteas a ajustar sus líneas de mezcla y dosificación. Asimismo, la validación de tratamientos térmicos para eliminar parásitos en pescados requiere que las empresas realicen ensayos de penetración de frío y mantengan registros auditables.
• Transformación del packaging y diseño gráfico: La industria debe rediseñar prácticamente la totalidad de sus envases para incorporar banderas de origen, advertencias de efectos laxantes y el nuevo logo de «libre de gluten». El cumplimiento de las dimensiones exactas para estos símbolos (como el cuadro de dimensiones para la espiga tachada según el área de la etiqueta) demanda una precisión técnica rigurosa.
• Gestión de la cadena de suministro y trazabilidad: La obligación de declarar el «País de ordeña» impacta directamente en la logística de importación de insumos lácteos. Las empresas deben asegurar que sus proveedores extranjeros entreguen certificados oficiales de origen para cumplir con el rotulado de banderas.
De este modo se alinea la normativa chilena con estándares internacionales de inocuidad alimentaria. Es importante para todo el rubro del Bakery revisar con atención este cuerpo legal, puesto que regula incluso la iluminación de todo establecimiento expendedor de comida.
Fuentes:
The Food Tech
El Martutino
MINSAL Chile
