[Dossier] Decadas de Chocolate Artesanal en Chile, Parte 1

Esfuerzo, encanto, riesgo y la misma calidad desde los ya lejanos comienzos, han sido los factores que hacen de estas Casas Chocolateras un verdadero adalid en nuestro mercado local. En esta serie de reportajes les invitamos a quedar con el paladar lleno de fino chocolate.

Iniciamos el dulce camino de revisar las dulces historias de quienes han marcado las pautas de la confección del chocolate artesanal en nuestro país. Hoy les presentamos las experiencias de Bombones Dos Castillos y Chocolates Varsovienne.

Bombones Dos Castillos, Tradición por Excelencia

“Nuestras recetas, traídas directamente desde Suiza y hechas a base de auténtico Mazapán de Almendras, Pastas de Chocolate, Trufas, Nougat, Croncant, entre otras, nos ha permitido crear una amplia gama de deliciosos productos junto a la creatividad del diseño artesanal. Bombones Dos Castillos con una trayectoria en el mercado desde 1939; entregando siempre productos de excelencia y calidad. Manteniendo la tradición pero siempre innovando y creando exclusividad”.

En el marco de la migración generada por ciudadanos alemanes que salían del Viejo Continente producto del inicio de la Segunda Guerra Mundial se radica en nuestro país la familia Burg. Actualmente, no sin momentos tormentosos, siguen siendo una de las empresas familiares más longevas en el mercado del chocolate premium nacional.

Instalados en una pequeña fábrica en Ñuñoa, sector oriente de Santiago de Chile, sus procesos de preparación siguen siendo totalmente artesanales, como en sus inicios. “Llegamos a Chile y ni mi mamá ni mi papá sabían de este negocio” nos cuenta Don Claudio Burg, “sin embargo el paso de mi madre por Suiza, donde aprendió a hacer chocolates, les dio un marco para emprender acá”.

Y al llegar a Chile la bombonería no podía tener otro nombre; La pareja Burg (Castillo en alemán), eran en lo formal y en lo espiritual “Dos Castillos” que encontraron en nuestro suelo un lugar para instalar su reciente emprendimiento. Ahí, en una infancia repleta de aromas, sabores y trabajo familiar fue la que marcó a este empresario del chocolate artesanal.

Don Claudio, segunda generación de la familia Burg, mantiene la tradición de los chocolates de excelente calidad con el sello de las nobles recetas helvéticas. Durante la visita a su local en el céntrico Pasaje Edwards en el Centro de Santiago de Chile nos dio una clase magistral de chocolatería y probamos naranjitas, pralinés, mazapanes y trufas entre otras exquisiteces. Su calidez vistió de lujo nuestra visita.

“Partí poniendo los chocolates en unos papelitos, ayudando a mi mamá y mi papá ya que los veía en la fábrica todo el día, porque teníamos la casa ahí mismo. Siempre había clientes que hacían pedidos grandes, entonces había que despacharlos. Yo hacía las labores de entrega, a veces me ahorraba el dinero de la micro y caminaba no más. Somos dos hermanos, quienes desde esos años mantenemos vivo a Bombones Dos Castillos”, cuenta Don Claudio. Así la Casa Chocolatera mantiene la misma calidad de sus insumos y productos finales por casi 80 años. ¡Un lujo!

Décadas sin dejar de lado la forma de trabajo que tenían sus padres, porque “ahí radica nuestra diferencia, en la manufactura casera y el cariño que ponemos en cada uno de los productos que tenemos”.

Y gracias a la visión de su hija Carolina, nuevos aires han entrado a la bombonería. Ejemplo de ello son los nuevos chocolates con merquén y con Sal de Mar que los clientes han aceptado con alegría, y eso me ha hecho que Don Claudio poco a poco vaya tomando nuevos riesgos. Los últimos años han sido exitosos en la línea corporativa, con envases y chocolates especiales para importantes empresas como TVN.

Tienen una visión muy positiva acerca de la actual realidad del mercado. Para Bombones Dos Castillos la aparición de nuevas chocolaterías no ha afectado sus ventas, sino que, por el contrario, ha hecho que más personas consuman sus finos productos.

¿Lo último para destacar? Cuando se empezaba a hablar del Chocolate Bitter en Chile, ellos ya contaban en su cartera de productos con chocolates 80% cacao. Es muy bueno cómo los chilenos han ido prefiriendo mejor calidad en el chocolate, porque eso no sólo les ha impulsado a ellos, sino a toda la industria nacional y le da un agregado al chocolate chileno que el consumidor final premia.

Chocolates Varsovienne

“Con 64 años de vida en la industria, nuestra misión es perpetuar la tradición, calidad y exclusividad de nuestros productos, gracias a la constante renovación de nuestra fina línea de chocolates y las tradicionales delicias Varsovienne. Nuestro objetivo es agregarle innovación y movimiento a nuestros cimientos básicos que hoy en día son la tradición y la calidad. Día a día, reafirmar nuestro liderazgo. Constantemente trabajamos en nuevos conceptos visuales y estamos en permanente creación de nuevos productos, para lograr que Varsovienne sea una marca atractiva y deseable para todos”.

Así se definen en su web. Varsovienne nace en 1954 cuando una familia polaca se instaló con una fábrica en calle Tenderini, muy cerca del Teatro Municipal en el centro de Santiago de Chile. En 1972 la familia Cisternas compró el «know how» del negocio y la fábrica. Actualmente es una de las chocolaterías finas más grande de Chile. «La clave para crecer ha sido mantener la tradición, pero innovando y siempre con una buena presentación», señala Felipe Cisternas, su actual gerente general.

Parte del desafío de la Varsovienne es innovar, buscar nuevas materias primas, siempre comprando a los productores de cacao más importantes del mundo, estar muy atentos en las tendencias del extranjero y evaluar el lanzamiento de nuevos productos, renovarse…

¿Esta renovación implica, por ejemplo, ponerse a tono con esta moda de la alimentación saludable?

Ya estábamos en eso, porque tenemos una variedad bastante amplia de productos sin azúcar, tanto en chocolates como en calugas, que han tenido una alta aceptación. Los productos altos en porcentajes de cacao también son súper saludables porque tienen menos materia grasa. Más que con el chocolate, todo esto tiene que ver con el azúcar.

¿En qué van a notar los clientes esta renovación?

Yo entré a hacerme cargo del desarrollo de una nueva imagen, del nuevo packaging, logo y renovación de las tiendas. Soy arquitecto, así que me he metido mucho en eso; estamos trabajando con Nicolás Lipthay, quien nos ayudó mucho a dar con la imagen que queríamos en nuestros locales, que ahora van a ser completamente distintos: el mesón ya no será el centro del lugar, sino que el producto es el protagonista; no hay vitrinas, los clientes pueden interactuar directamente con el chocolate. Es otra la experiencia de compra. Lo mismo con el empaque, estamos haciendo cajas nuevas.

Historias de muchos años de calidad, de distintas visiones y proyecciones, pero siempre enfocados en no alterar la calidad que les dio el prestigio, reputación que es el principal capital de estas casas chocolateras chilenas de excelencia.


Fuentes :
www.tell.cl www.ww.economiaynegocios.cl