Una startup con sede en París vio liquidados sus activos por un tribunal francés. La empresa, que había intentado encontrar un comprador, cerró las puertas a poco tiempo de su creación.
En una publicación escrita en LinkedIn, el director ejecutivo de Pizzería Pazzi, Philippe Goldman, indicó que sentía que la empresa, nacida en tiempos de pandemia, no sobrevivió debido primordialmente a una combinación de un ecosistema incipiente de compañías emergentes de hardware en Francia y una desconfianza hacia la robótica por parte del público en general. “El ecosistema de hardware en Francia es inmaduro e insuficiente tanto en términos de financiación pública como institucional, la valoración de las piezas industriales o robóticas es baja en comparación con una cultura de software dominante y existe una desconfianza general de la población hacia la robótica, condenada a robar solo empleos”.
El robot con inteligencia artificial que era el corazón de Pizzería Pazzi, fue desarrollado por una treintena de ingenieros durante casi ocho años. Era el encargado de extender la masa, agregar los ingredientes y desplazar la pizza en el horno. La máquina también hacía los pedidos y servía la comida cortada en su packaging.
Esta noticia es la última de una serie de malas nuevas en el frente de la robótica de pizzas y sus potencialidades. Hace unos meses atrás se comunicó que Basil Street estaba aceptando ofertas finales por sus activos y la startup original de máquinas expendedoras de pizza, Pizzametry, estaba buscando un comprador.
El cierre de Pizzería Pazzi no sólo marca el final de una empresa, sino que deja al descubierto una tensión aún no resuelta entre el ideal tecnológico y la aceptación social de sus frutos. En una época en que la automatización promete eficiencia y precisión, persiste una resistencia cultural a ceder espacios tradicionalmente humanos —como el arte de preparar comida— a la inteligencia artificial. La historia de Pazzi, más que un fracaso industrial, es un síntoma de la dificultad de integrar la innovación cuando el entorno económico, institucional y simbólico no la acompaña. Quizás el aprendizaje no esté en la caída del robot pizzero, sino en reconocer que toda tecnología, por brillante que sea, necesita ser comprendida, adoptada y deseada por las personas a quienes busca servir.
Fuentes:
The Spoon Tech
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