Este tipo de pan batido, ligado a la tradición de Chile, puede existir en otros países pero con transiciones. Cada cultura adaptó según costumbres, lo que genera similitudes y diferencias.
Un grupo de panaderos de Bolivia conmemoró, hace unos días atrás el Día de la Marraqueta. Fue en ese contexto, que anunciaron que impulsarán la candidatura de este estilo de pan para que sea reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Es una decisión que germina, y se apalanca, de una pasada controversia en redes sociales, enardecida por un chef peruano que aseguró que este tradicional pan —consumido a diario y masivamente en Chile— es en realidad “típica de Tacna”, lo que desató un debate sobre el origen de su identidad culinaria en la región andina.
Vamos a la academia y revisemos qué tiene que decir a este respecto. El historiador Raúl La Torre, coordinador de Extensión Cultural de la Universidad de los Andes, manifestó que la marraqueta, lejos de ser chilena o boliviana, habría nacido lejos de nuestro subcontinente. “La marraqueta tiene un origen eminentemente europeo. Era un tipo de pan batido muy común en la zona central de Europa, que llegó a Chile gracias a una familia francesa, los hermanos Marraquet. Ellos dieron su apellido al producto, que en nuestro país comenzó a llamarse marraqueta”, explicó el letrado.
Antes de la Guerra del Pacifico, el conflicto armado que involucró a Chile, Bolivia y Perú, el mayor consumo de esta hogaza se efectuaba entre las ciudades de Tacna, Alto Caplina, Arica, Iquique, Tarapacá, La Paz y Potosí, consumida normalmente por los trabajadores de las salitreras y de la explotación de las minas y los obreros que trasladaban los minerales hasta el puerto de Arica. Tras la guerra de 1879, la ciudad de Tacna se mantuvo bajo bandera chilena por casi cinco décadas. Durante dicha ocupación la elaboración y el consumo de este pan se redujo, así que la Marraqueta se hacía de los excedentes de la harina de trigo destinada a los panes que los chilenos requerían.
Hoy la receta de este querido pan que consumimos los chilenos, que según la localidad en que nos encontremos, se conoce también como “Pan Francés” o “Pan Batido”, comenzó a implementarse luego de la liberalización del precio del pan que se promovió en el año 1977 y se le conoce como “método directo”. Se elabora en máquinas que tienen como fin el de dar más volumen y al mismo tiempo simplificar la producción de un producto, que es de consumo masivo.
Independiente de esta nueva gestión boliviana por adjudicare la total invención de este pan, La marraqueta puede seguir habitando, sin discusión, el imaginario afectivo de millones de chilenos, aun cuando otros territorios también la reclamen como propia.
Porque, en rigor, las grandes expresiones de la panificación no se definen por límites geográficos, sino por trayectorias compartidas, migraciones silenciosas y oficios transmitidos de generación en generación. La buena gastronomía —y en particular el pan— rara vez consideran fronteras; se construyen desde la memoria, desde la técnica y desde una tradición viva que se adapta sin perder su particularidad.
En ese sentido, la marraqueta trasciende su condición de producto cotidiano para convertirse en un símbolo cultural: un pan de corteza crujiente y miga aireada que no solo acompaña la mesa, sino que también narra una historia de identidad, mestizaje y permanencia. Su vigencia no radica únicamente en su consumo masivo, sino en la profunda conexión emocional que establece con quienes la reconocen como parte de su vida diaria. Porque, al final, en la aparente simpleza de un pan bien hecho, se condensa la identidad de un país entero.
Fuentes:
Radio Biobío
Canal 13
Portal Chócale
