Durante mucho tiempo, hablar del Bakery Americano fuera de Estados Unidos era casi sinónimo de hablar de cheesecake, brownies, cookies, carrot cake o algún pie de nuez de pecanas.
Productos reconocibles, pero por largo tiempo considerados una “especialidad extranjera”. Eso está cambiando. Hoy la pastelería americana vive un momento particularmente interesante. Y no porque haya dejado de ser exuberante —de hecho, la abundancia sigue siendo parte importante de su ADN— sino porque consiguió transformar ese exceso en una categoría comercial, visual y culturalmente muy potente… casi el sinónimo de la indulgencia.
Del producto al espectáculo…
Uno de los mejores ejemplos mundiales es Crumbl. La compañía, creada en USA en 2017, construyó buena parte de su crecimiento alrededor de una idea muy sencilla: una carta que cambia constantemente, productos grandes, visualmente llamativos y una fuerte presencia digital. Actualmente supera las mil tiendas y ha ido ampliando su universo más allá de las cookies, incorporando cheesecakes, brownies, cakes y otros productos.
Lo interesante no es solamente el tamaño de las galletas. Es el modelo de novedad permanente. La cookie se convierte en una excusa para volver cada semana. Ese fenómeno ha llevado incluso a que sabores y formatos asociados a otras tendencias globales —como pistacho, chocolate Dubái, o combinaciones inspiradas en golosinas conocidas— entren rápidamente en el repertorio de las grandes cadenas. Crumbl, por ejemplo, ha utilizado durante 2026 productos de temporada y colaboraciones de sabores para mantener esa sensación de novedad.
Chile: cuando lo americano empieza a tener acento propio
Chile no está al margen de este fenómeno. De hecho, Santiago está desarrollando una pequeña pero interesante escena alrededor de cookies estilo New York, cheesecakes, brownies, cinnamon rolls, pies y tortas de inspiración norteamericana. Lo interesante es que ya no estamos simplemente frente a productos importados o franquicias internacionales. Hay emprendimientos chilenos que están construyendo marcas propias alrededor de ese lenguaje.
Factory Nine probablemente sea hoy uno de los casos más completos para entender hacia dónde puede evolucionar esta categoría en Chile. La historia es bastante reveladora. Sus fundadores, Cristóbal y María Pilar Taladriz, viajaron a Estados Unidos y encontraron en The Cheesecake Factory una referencia que les permitió imaginar una propuesta diferente para Chile. En 2017 dejaron sus empleos y comenzaron a desarrollar el proyecto. La empresa posteriormente evolucionó hacia un modelo de producción centralizada y tiendas propias.
Actualmente la marca se define explícitamente como American Bakery y trabaja una oferta que incluye cheesecakes, tortas, pies, cookies, brownies, bagels, desayunos y otros productos. Su sitio también muestra categorías como helados, productos sin azúcar, regalos y boxes.
Pero hay algo primordialmente interesante en Factory Nine: no intenta esconder el carácter americano de su propuesta. Al contrario, lo convierte en identidad. Un New York Cheesecake, una carrot cake, un brownie o una cookie estilo NY no aparecen como una curiosidad dentro de una pastelería tradicional. Son parte de un universo de marca coherente.
Y ese universo ha alcanzado una escala poco habitual para una pastelería especializada. La propia empresa informa actualmente de 13 tiendas en Santiago, además de venta online y presencia en plataformas de delivery.
Hay además otro detalle que habla de lucidez empresarial; Factory Nine utiliza GoodMeal para comercializar excedentes del día. Según GoodMeal, la alianza permitió a Factory Nine eliminar el 100% de sus mermas en sus puntos de venta, transformando productos que de otro modo se perderían en una fuente adicional de ingresos.
Estamos hablando de producto + marca + retail + delivery + gestión de merma + experiencia. Y probablemente ese sea uno de los motivos por los cuales Factory Nine resulta especialmente interesante para la industria.
Y existe una señal interesante de mercado: el consumidor chileno ya reconoce el producto y sabe qué esperar de él. Eso hace algunos años no era tan evidente. ¿Qué está cambiando? Quizás la principal transformación de la pastelería americana no está en sus recetas. Está en el modo de venderse. La nueva generación de marcas entiende muy bien cinco aspectos;
1) El tamaño importa. Una cookie grande, un brownie generoso o una porción abundante comunican indulgencia. La experiencia visual es parte fundamental del producto.
2) La textura importa tanto como el sabor. La cookie ideal busca un exterior crujiente y un centro blando; el cheesecake cremosidad; el cinnamon roll busca lo húmedo.
3) La imagen vende. El corte de un cheesecake, el chocolate derritiéndose sobre una cookie o el frosting de un cinnamon roll son piezas de contenido listas para las redes sociales.
4) La novedad es un mecanismo comercial. Sabores temporales, ediciones limitadas y productos inspirados en tendencias globales reactivan el apetito sin cambiar de marca.
5) La nostalgia funciona. Esto es sugestivo en USA. En 2026, por ejemplo, Insomnia Cookies lanzó sabores inspirados en la infancia estadounidense, como PB&J y Cap’n Crunch.
La tendencia es clara: mientras una parte de la pastelería busca sofisticación, otra está recuperando deliberadamente sabores reconocibles, infantiles y emocionales. Es la nueva indulgencia. Chile tiene una oportunidad La pregunta interesante para la industria local no es si la pastelería americana va a crecer. Ya está creciendo. La pregunta es qué vamos a hacer con ella.
Fuentes:
Maé Innovation
Factory Nine
Crumbl Cookies
