Cuando septiembre llega cambian los colores, los sabores y también las vitrinas de nuestras cafeterías, como está ocurriendo positivamente en distintas fechas del año.
Las Fiestas Patrias se convierten en una oportunidad para crear preparaciones especiales que permitan a las cafeterías diferenciarse y ofrecer algo distinto a sus clientes. Es ahí cuando aparecen las bebidas de autor.
Preparaciones creadas por los propios baristas, inspiradas muchas veces en ingredientes, sabores o tradiciones que asociamos a esta época del año: Terremoto sin alcohol a base de kombucha, granadina y helado de piña. Cold brew con huesillo. Navegado latte, son algunas de las innovadoras preparaciones que nos sorprendieron este año.
Algunas mezclas resultan extraordinarias. Otras pueden parecernos un poco extrañas. Algunas se convierten rápidamente en favoritas y logran una excelente recepción, mientras que otras no consiguen convencer a todos. Y eso también es parte de la creatividad.
La identidad también se puede beber.
Cuando una cafetería desarrolla una bebida de autor, no solamente está creando una nueva combinación de ingredientes. Está comunicando algo. Puede hablar de su identidad, de su territorio, de su creatividad o de la forma en que entiende la experiencia de sus clientes.
En Fiestas Patrias esto adquiere todavía más sentido. Ingredientes y preparaciones que forman parte de nuestra cultura pueden convertirse en inspiración para reinterpretar una bebida y llevarla a un contexto diferente.
Ahí existe una oportunidad muy bonita para las cafeterías: tomar elementos que reconocemos y transformarlos en una experiencia propia. Pero para que esa creación tenga sentido, creo que vale la pena preguntarse qué queremos conseguir con ella.
La creatividad también necesita estrategia.
Una bebida de autor puede ser muchas cosas: una experiencia, una herramienta de marketing, un producto estacional o simplemente una forma de jugar con la creatividad del equipo. Pero si queremos que además contribuya al negocio, tenemos que mirarla desde otra perspectiva;
¿Qué costo tiene producirla?
¿El equipo puede prepararla de manera consistente?
¿Los tiempos de preparación son adecuados para el flujo habitual de la cafetería?
¿Su precio tiene sentido para nuestro cliente?
¿Es posible mantener una mise en place para su fluida preparación?
¿Existe una historia detrás de la bebida que podamos comunicar?
Porque ahí podemos encontrar una diferencia importante entre crear por creatividad y crear con estrategia. Y quizás una bebida muy sencilla, pero bien pensada y coherente con la identidad de la cafetería, termina siendo mucho más exitosa que una preparación compleja.
Para mí, las Fiestas Patrias son una buena excusa para experimentar.
Para que los baristas creen.
Para que los equipos participen.
Para que los clientes descubran algo nuevo.
Pero también para observar qué ocurre cuando esa creatividad llega a la taza.
Porque diferenciarse no significa necesariamente hacer algo que nadie haya hecho antes.
A veces significa hacer algo conocido de una manera que tenga sentido para nuestro negocio y para las personas que nos visitan.
Y quizás esa sea la verdadera gracia de una bebida de autor: sorprender al cliente y que el equipo se divierta creando en el proceso.
