La panadería de un inmigrante de Sri Lanka llamado Sithamparappillai Jegatheepan ha sido distinguida con el galardón a la mejor Baguette de la capital francesa del 2026.
Las redes sociales en Francia están muy prendidas con esta situación. El protagonista es un inmigrante que se hizo cargo de Fournil Didot, la premiada panadería, a finales de 2022. Acá es importante señalar que el nuevo dueño es solamente “heredero” del prestigio que acompaña a este obrador; todas las reseñas de cinco estrellas de esta panadería corresponden al periodo anterior, cuando estaba regentada por un francés.
Desde entonces, los comentarios del negocio son bastante mediocres. Muchas reseñas son de una estrella y de clientes que juran no volver a comprar allí. En 2024, un cliente llegó a fotografiar indicios de contaminación entre los productos a la venta. Sea como fuere, los grandes medios de comunicación han difundido la victoria del esrilanqués y la han esgrimido como prueba irrefutable de los beneficios de la inmigración.
De acuerdo al diario La Gaceta «el premio se entregó el pasado jueves durante la 33ª edición del Gran Premio de la Baguette de Tradition Française, considerado el concurso panadero más importante de la ciudad. En él solo pueden competir las llamadas baguettes «de tradición», una categoría muy regulada por la ley francesa: el pan debe elaborarse únicamente con harina, agua, levadura y sal, además de respetar estrictos criterios de peso, tamaño y contenido de sal».
No es fácil destacar entre 143 maestros del pan, pero la baguette de Jegatheepan lo logró. El proceso de selección fue exhaustivo: primero, la regla y la báscula para cumplir con el estándar; después, los sentidos. El jurado evaluó cocción, aroma y esa aireación característica que, en palabras de Nicolas Bonnet Oulaldj (presidente del comité a cargo de la competición), debe emular la complejidad de un panal de abejas.
Al frente de la panadería Fournil Didot, en el distrito 14, este hombre de 43 años acaba de asegurar su lugar en la historia del Bakery de la ciudad; «Nunca pensé que ganaría el concurso. Fue mi primera participación y gané. Estoy muy feliz. Mi hija me dijo ayer que no me dejaría volver a casa si no ganaba el premio. Ella estaba feliz cuando la llame, le encantó», declaró a los medios. Además del premio económico que llega a los 4000 euros, el galardón incluye el privilegio de llevar su pan a la mesa del mismísimo presidente de la nación en el Palacio del Elíseo en París, una directa evocación medieval. Una trabajadora de la panadería, Christianne Ribeiro, declaró que; «Estamos contentos, nunca pensamos que lo haríamos y es realmente cierto».
Lo más fascinante es el camino recorrido por el ganador. Inmigrante de Sri Lanka llegado en 2003, Jegatheepan no pasó por las prestigiosas escuelas de cocina francesas; aprendió el oficio con las manos en la masa a partir de 2008. Su éxito actual, con dos establecimientos a su cargo, es el reflejo de una maestría ganada a pulso en el corazón de la Ciudad Luz.
“Para hacer una buena baguette, no hace falta casi nada: agua, buena harina, levadura y una pizca de sal. Sin embargo, no todas las baguettes tienen el mismo sabor, la misma textura crujiente ni la misma calidad. Lo que hace que una baguette tradicional sea buena es, ante todo, el tiempo de reposo. Un elemento determinante que hará que una baguette se distinga de otra y se convierta así en inolvidable. Este año, el Sindicato de Panaderos del Gran París ha coronado a la baguette tradicional de Fournil Didot como la mejor de París. ¡Y se entiende por qué!”, indica el portal de noticias de Paris Secret, que sin embargo titula la nota con el adjetivo de “discreta panadería”.
Fuentes:
La Gaceta de España
Fournil Didot (Instagram)
París Secret
