A medida que los estilos de vida se aceleran, aumenta la demanda de refrigerios convenientes y saludables que se pueden consumir durante los descansos rápidos o en movimiento.
Este reporte comienza unos años atrás. Millones de personas habían comenzado a trabajar desde casa durante el contagio masivo del Covid-19, lo que implicó una significativa demanda de alimentos de conveniencia, ya que estos productos tienen una vida útil más larga. La industria de las galletas había sido testigo de ventas más altas que los años anteriores y el brote epidémico había introducido varias tendencias de salud y bienestar, lo que llevó a la adopción de hábitos alimenticios conscientes entre los consumidores. Sin embargo al parecer fue un escenario de mercado que el tiempo no sostuvo en toda su circunstancia.
Durante los últimos diez años, el mercado de la galleta industrial en Europa ha comenzado a experimentar un retroceso constante. Las grandes compañías se enfrentan a un consumidor post pandémico cada vez más crítico con ingredientes como el azúcar y las grasas, y más consciente del impacto medioambiental del sector industrial.
En contraste, esta coyuntura ha abierto un espacio de oportunidad para lo artesanal: productos locales en partidas pequeñas, de receta elaborada, con identidad regional, preparados sin conservantes y con una narrativa de autenticidad que la industria masiva no suele ofrecer. Sin embargo la pregunta entre los actores de la pastelería artesanal es; ¿Nos es rentable elaborar galletas?
En Revista Pan Caliente se preguntan; «¿Hacer o no galletas? Este tal vez ha sido uno de los interrogantes más frecuentes entre los pasteleros de alto prestigio en los últimos tiempos. Quien conoce el sector sabe que es “vox pópuli” que a los encopetados profesionales no les atrae en nada la idea de producir esta exquisita y versátil masa, que además es popular entre grandes y chicos».
Las cifras macro no son para nada despreciables y es entonces una actividad comercial en expansión; «El mercado europeo de galletas dulces alcanzó los 31.62 millones de dólares en 2025 y se proyecta que crezca a una tasa de crecimiento anual compuesta del 5.86 % hasta alcanzar los 42.03 millones de dólares en 2030, según datos de Mordor Intelligence. Esta sólida expansión refleja la resiliencia del sector ante la evolución de las preferencias de los consumidores y las adaptaciones estratégicas de los principales fabricantes para aprovechar las oportunidades emergentes en los diversos mercados europeos».
La producción local y artesanal ha comenzado a brillar: en Francia, por ejemplo, se ha visto un retorno de bolsitas y cajitas de galletas “de la casa” en vitrinas de panaderías-pastelerías, tras un largo período en que habían disminuido notablemente.
Incluso el sistema educativo ha respondido al fenómeno: el Ministerio de Educación francés incorporó en la formación profesional de pastelería la elaboración de galletas como parte obligatoria para obtener el diploma de pastelero. Es decir, “si no sabe hacer buenas galletas, no podrá graduarse”.
Los pasteleros de alto nivel, tradicionalmente reticentes al mundo de la galleta por considerarla fuera de la “pastelería fina”, han empezado a reevaluar su posición, pues han descubierto que producir galletas de calidad no es trivial y puede resultar bastante rentable.
La galleta artesanal en Europa ya no es un accesorio menor del mundo de la pastelería: se ha convertido en una categoría relevante, con crecimiento y potencial tanto para procesos tradicionales como para nuevos emprendimientos. El giro hacia lo local, lo orgánico y lo bien diseñado está redefiniendo el panorama.
Para quien piensa en ingresar al mercado de la galleta dulce —ya sea desde una panadería, pastelería o marca emergente— el ejemplo de Europa nos deja una invitación es clara: la clave no está solo en producir muchas, sino en hacerlas bien, con alma, historia y producto que conecte.
Fuentes:
The Food Tech
Fortune Business Insights
Revista Pan Caliente
