Un producto de alta indulgencia como este, ha ingresado con propiedad al segmento de aquellos bienes no fungibles que reciben un tratamiento especial en su proceso de comercialización.
Porque es un artículo irremplazable en su consumo, por el nivel de complacencia que entrega a sus fieles seguidores desde siempre. Y esta cualidad se está reflejando en la experiencia de compra en locales seleccionados, especialmente en países del primer mundo. “Antes de ser el epicentro del lujo global, Mayfair era un barrio con un sello de identidad único: por un lado, era el hogar de los zapateros artesanos, las perfumerías de autor y las sastrerías de Savile Row que vestían a la aristocracia”, nos pone en contexto una de las fuentes consultadas.
A raíz de esa rica historia de atención al cliente allí en Mayfair (Londres, Inglaterra), marca presencia Barnaby Chocolate Bars, una tienda de chocolate que funciona más como una sastrería, o una zapatería top, que como un punto de venta. Aquí no eliges únicamente qué comprar, sino cómo se hace: cada tableta de chocolate se encarga y se compone al momento que se adquiere. ¡Personalización total!
En Barnaby Chocolate Bars todo este proceso de compra comienza con una conversación donde el cliente expone sus preferencias, gustos y expectativas antes que el maestro chocolatero elabore una propuesta a la medida… y muy experiencial porque tras esto, tal y como si fuese una función teatral, el cliente tiene la posibilidad de presenciar —paso a paso— todo el proceso artesanal de las barras de chocolate. “En esta exclusiva tienda se puede seleccionar su estructura: base, rellenos y coberturas… el resultado son piezas únicas que se alejan del concepto clásico para acercarse al universo del lujo gastronómico”, señala el portal especialista Excelencias Gourmet.
El proyecto del local en cuanto a su diseño, firmado por Morris Studio, construye una atmósfera espesa y táctil donde el nogal oscuro, el cuero y el acero generan una experiencia contenida, casi silenciosa. La barra central organiza el espacio y convierte la elaboración en escena. “Nuestro concepto para la marca siempre fue adaptar la estética general de cada espacio comercial para que tuvieran un aspecto y una atmósfera diferentes. Recuerdo de mi infancia la moqueta y los paneles de madera al estilo zapatería. Queríamos crear una atmósfera teatral y nos pareció apropiado. Un servicio artesanal y personalizado, pero sin ser demasiado cursi ni demasiado histórico”, explicó el diseñador de interiores londinense Tom Morris. “Hay algunos elementos comunes a todas las tiendas, como los paneles de madera oscura. Mientras que la estética de la tienda se inspira en detalles del movimiento Arts and Crafts, aquí nos inspiramos en el diseño de los años 70’s: molduras de acero inoxidable, moqueta verde oliva, taburetes de Arne Jacobsen, mostradores de cuero y una caja de luz de techo de 1,80 metros”.
Más que mostrar el proceso, lo enmarca. En Barnaby Chocolate Bars el chocolate aparece ordenado, repetido, preciso. Y el gesto final —elegir, combinar, encargar— devuelve al retail algo que parecía abandonado: la idea de servicio en mayúsculas.
